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Compilado por: Teología Sana

1. En las Escrituras descubrimos que Dios no salva al hombre por alguna necesidad divina, o por el valor inherente del hombre, o por alguna noble obra que él pudiera haber hecho. En lugar de eso, Dios fue movido a salvar para la alabanza de su propia gloria y por el amor tan grande con el que nos amó.

2. Él es el único ser que es verdaderamente autoexistente, autosostenible, autosuficiente, independiente, y libre. Todos los otros seres derivan su vida y su bendición de Dios, pero todo lo que es necesario para la existencia y felicidad perfecta de Dios se encuentra en Él mismo. Enseñar o siquiera sugerir que
Dios hizo o salva al hombre porque estaba necesitado o incompleto es absurdo y hasta blasfemo.

3. El Hijo, que se hizo hombre y murió en la cruz del Calvario, es el Dios eterno: igual al Padre y al Espíritu en todo y compartiendo su gloria incomprensible.

4. La deidad del Hijo de Dios es una doctrina fundamental de la fe cristiana. Cualquier punto de vista que lo considere inferior al Padre o como un “dios con menos gloria” simplemente no es cristiano. El Hijo no es un ser creado, no es un ángel, y no es un semidios que esté clasificado en algún lugar entre Dios y la creación. Él es Dios en el sentido más alto del término.

5. Todos los hombres, e incluso los ángeles del cielo más sublimes, son seres finitos cuya gloria puede ser comprendida. Solo Dios es infinitamente asombroso y está más allá de la comprensión de todos.

6. La encarnación es una doctrina fundamental de la fe cristiana. Si Jesús no fue concebido tanto del Espíritu Santo como en el vientre de una virgen, Él entonces no era Dios encarnado, y el resto del evangelio es una mentira: la cruz no tiene poder salvador; la resurrección fue una estafa; y permanecemos en nuestros pecados, separados de Dios y sin esperanza.

7. La cruz de Cristo trae a nuestra mente los insultos y el dolor físico que Él sufrió. Morir en una cruz fue la peor de todas las humillaciones y torturas. Sin embargo, la vergüenza y el dolor físico puestos sobre Cristo por los hombres no fueron los aspectos más importantes de la cruz. Somos salvos no meramente porque los hombres lo golpearon con látigos y lo clavaron en una cruz. Somos salvos porque Él llevó nuestro pecado y fue aplastado bajo el juicio de Dios.

8. La cruz fue el instrumento de tortura más cruel jamás concebido por la humanidad depravada, y, sin embargo, fue el altar en el que el Hijo de Dios hizo su sacrificio. El propósito de la muerte de Jesús en la cruz no fue solo restaurar nuestra relación con Dios, sino también permitirnos por el poder de Dios morir al pecado y vivir para la justicia.

9. Cristo tomó sobre sí mismo nuestro pecado y se hizo el objeto de maldición divina. Él fue violentamente denunciado como culpable, y sintió el completo enojo del Dios santo contra el pecado. Él se colocó bajo el más severo juicio y condenación divina en nuestro lugar.

10. En la cruz del Calvario, Cristo llevó los pecados de su pueblo y sufrió todo el poder de la maldición divina. Él fue desamparado por Dios (Mateo 27:46) y bebió de la copa de la ira divina en lugar de su pueblo (Mateo 26:39, 42; Salmo 75:8; Jeremías 25:15- 16). Él llevó nuestras enfermedades y fue azotado, herido por Dios y afligido (Isaías 53:4). Por nuestra causa, el Señor quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento (Isaías 53:10).

11. ¿Cómo es que un Dios justo puede conceder tal bendición a un pueblo pecador sin comprometer su justicia? ¡La respuesta se encuentra otra vez en la cruz de Cristo! ¡El pecador puede ser bendecido solo porque Cristo fue maldito en su lugar! Todas y cada una de las bendiciones que Dios ha dado o dará a su pueblo son solo porque Cristo se hizo maldición por nosotros en la cruz.

12. Por causa de la fatídica decisión de Adán, toda la creación gimió bajo maldición y fue esclavizada en corrupción y futilidad (Romanos 8:20- 22). Para liberar a la creación, Cristo (el último Adán) llevó sobre sí mismo los pecados de su pueblo y gimió bajo el terrible yugo. Tenemos paz para con Dios (Romanos 5:1) solo porque Cristo sufrió todo el peso de la guerra de Dios contra nuestro pecado en la cruz del Calvario.

13. En la cruz, el Hijo de Dios tomó el lugar del pueblo de Dios, tomó la copa de la ira de la mano de Dios y bebió hasta la última gota. La copa que contenía la ira de Dios en contra del pecado fue drenada sobre Él.

14. El claro testimonio de las Escrituras es que la muerte no es un fenómeno natural, sino resultado del juicio de Dios en contra del pecado. Entró al mundo a través del pecado de Adán y ha sido pasada a cada uno de los descendientes de Adán por causa del pecado (Rom 5:2)

15. Hemos violado la ley de Dios y merecemos la muerte y el infierno. Nuestro perdón es imposible a menos que la culpa de nuestros pecados sea pagada y las justas demandas de la ley de Dios sean satisfechas. Este es el corazón del evangelio de Jesucristo. Él llevó nuestro pecado y murió en nuestro lugar, sufriendo el castigo que el Dios santo y su ley justa demandaban.

16. En la cruz, Cristo llevó nuestro pecado y sufrió bajo la ira de Dios como nuestro sustituto. Su muerte satisfizo las demandas de la ley que habíamos violado, e hizo posible nuestro perdón.

17. ¿Cómo puede el sufrimiento de un solo hombre en la cruz por unas pocas horas pagar los pecados de casi incontables multitudes de pecadores y salvarlos de una eternidad de sufrimiento en el infierno? ¿Cómo puede la vida de un hombre satisfacer la justicia de un Dios completamente santo? La respuesta se encuentra en la naturaleza de Aquel que sufrió y murió. Ya que el Hijo de Dios fue la plenitud de la deidad en forma corporal (Colosenses 2:9), su vida era de valor infinito —de un valor infinitamente mayor al valor de todos aquellos por los que Él murió. Esta es una de las verdades más hermosas de toda la Escritura.

18. En el sufrimiento y muerte de Jesucristo en el Calvario, todo obstáculo que pudiera prohibir que un Dios justo perdonara a su pueblo pecador ha sido removido. Dios demostró su justicia castigando el pecado de su pueblo, satisfaciendo las demandas de su justicia, y apaciguando su ira. Él hizo un camino de salvación para su pueblo tomando su lugar, llevando su pecado, y extinguiendo la ira que les correspondía en su propio cuerpo. Por esta razón, Dios puede justificar a su pueblo sin contradicción a su propia santidad y justicia.

19. Las Escrituras no solo enseñan que el hombre caído vive bajo el castigo de la ley, sino también que está esclavizado al reino de Satanás. Cristo redimió a su pueblo de esta terrible realidad muriendo en su lugar, pagando así el castigo que ellos merecían, y quitándole su poder a Satanás.

20. Es muy importante que entendamos que, aunque Cristo redimió a su pueblo del poder de Satanás, el rescate no fue pagado a Satanás sino a Dios. A través de la historia del cristianismo, algunos han creído incorrectamente que Cristo pagó un rescate a Satanás y así liberó a su pueblo de la esclavitud. Esto contradice claramente las Escrituras, disminuye la gloria de la obra redentora de Cristo, y le concede a Satanás un grave estado que no es bíblico. Las Escrituras nos enseñan que Cristo se ofreció a sí mismo como sacrificio a Dios como pago por los pecados de su pueblo. Su muerte satisfizo la justicia de Dios y canceló la deuda de nuestro pecado, quitando así a Satanás su poder acusador.

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Un comentario en «20 frases selectas del pastor Paul Washer»

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