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Por: Will Graham.

“Pastor, ¿me puedes ungir la casa, por fa?”

No. Lo siento. No pienso ungir tu casa, hermano.

“¿Por qué no?”

Tres razones.

Uno. Estoy en cuarenta desde el día 14 de marzo. Llevo ocho días sin salir de casa. No puedo ir a tu casa a ungirla.

Dos. Ya se nos acabó el aceite en casa. Ahora estamos con el vinagre.

Tres. No es una práctica bíblica.

“Pero pastor, mi apóstol dice que según Éxodo, Levítico y Números que podemos ungir a las personas y los edificios consagrados al Señor”.

Bueno, tu apóstol se olvidó de mencionarte Éxodo 30:32-33 donde se nos dice expresamente que el aceite de la unción no es para el uso personal (por ejemplo, tu casa). Dice el Señor que cualquiera que pusiera el aceite sobre otra cosa que no fuera un sacerdote o el tabernáculo “será cortado de entre su pueblo” (v. 33).

“Pero pastor, mi apóstol recibe revelación directamente de Dios”.

¿Ah, sí? ¿Cuál Dios? ¿El Dios de la Biblia o el dios de su propia imaginación apostólica? ¿Cómo es que esas revelaciones raras que recibe no cuadran con la Palabra de Dios? ¿No te das cuenta de que está fomentado superstición en lugar de verdadero temor de Dios?

Por cierto, ¿cuál de los doce es tu apóstol?

Creerse apóstol no es lo mismo que serlo. El otro día soñé con que era una foca loca con una roca en mi boca. Pero sigo siendo un ser humano.

 “Pero, ¿no dice el Nuevo Testamento que hay que ungir a los hermanos enfermos?”

Sí, pero ¿acaso son las casas nuestros hermanos en la fe? ¿Las casas hablan? ¿Comen? ¿Beben? ¿Se lavan las manos con alcohol? ¿Se ponen mascarillas? Las casas no son personas.

Y otra cosa, se aplicaba el aceite a los que ya estaban enfermitos (Marcos 6:13; Santiago 5:14). No se ponía para prevenir ciertas enfermedades.

“Entonces, ¿no quieres que tenga una casa ungida?”

El ungido eres tú (1 Juan 2:20, 27). Dios te ha dado de su Espíritu. Él mora en ti. Tú formas parte de la “casa de Dios”, esto es, la iglesia del Dios viviente. No se trata de tener tu casa ungida. Lo que cuenta es que tú tengas el Espíritu morando en ti. Olvídate de tener una casa ungida.

Ahora bien, si quieres que tu casa huela a empanada o a patata frita, ¡adelante! ¡Úngela! Pero no te va a librar del coronavirus. Eso ya depende la voluntad del Soberano.

Sométete a Dios. Si Dios te libra del virus, ¡alaba su nombre! Y si Dios decide permitir que el virus te azote, ¡alaba el nombre del Señor! ¡Tu Buen Pastor está sentado en el trono! ¡Él no se olvidará de ti! Confía en Él.

El pánico y el espíritu alarmista que fomentan esos apóstoles son dos marcas de una profunda falta de fe en el cuidado pastoral del Dios del evangelio.

“Pues, ¿qué le digo a mi apóstol?”

Dile que si el pastor Will Graham se entera de otro apóstol o profeta que va diciendo que hay que ungir su casa con aceite, se va encargar de sumergir a aquel profeta en aceite hirviendo.

“¿Y qué hago con las cincuenta botellas de aceite que me he comprado?”

Desayuna ensalada. Almuerza ensalada. Cena ensalada. Ah, y envía un par de esas botellas a mi casa, por fa.

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Tomado de la web del pastor Will Graham


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