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Por: John MacArthur.

Este artículo forma parte de la serie de devocionales «Fortaleza para hoy»

«Permanezca el amor fraternal». HEBREOS13:1
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Los cristianos deben vivir lo que profesan para testificar al mundo.

El predicador del siglo diecinueve, Alexander Maclaren, dijo una vez: «El mundo toma su noción de Dios más que todo de aquellos que dicen que pertenecen a la familia de Dios. Nos leen mucho más a nosotros que a la Biblia. A nosotros nos ven, mientras que solo saben de Jesucristo lo que escuchan de Él». La sana doctrina bíblica, aunque es muy importante como fundamento que es, no es conveniente completamente por sí misma para influenciar al mundo en aras del evangelio de Cristo.

Los cristianos de hoy podrían aprender mucho de los primeros creyentes, cuyas vidas fueron una reprimenda para las sociedades inmorales y paganas que los rodeaban. Los incrédulos en esas culturas hallaban extremadamente difícil encontrar fallas en los cristianos, porque cuanto más los observaban, más los veían viviendo por los altos principios morales que la iglesia profesaba.

Los cristianos en aquellos días eran obedientes a las instrucciones de Pedro: «Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos» (1 Pedro 2:15). También escucharon el consejo de Pablo a Tito: «Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros» (Tito 2:7-8).

Jesús les ordenó a sus discípulos originales y a nosotros: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16). Por supuesto, Jesús pensaba en las buenas obras que eran genuinas y que provenían de una enseñanza bien fundamentada.

Estos versículos deberían recordarnos, por lo tanto, que la doctrina y la práctica deben ir de la mano. El autor de la Carta a los Hebreos pasa, con cierta naturalidad, de la doctrina y la exhortación general a las amonestaciones específicas del capítulo 13. El amor entre los creyentes es su punto de partida, el cual debería ser el nuestro a medida que intentamos tener un andar digno y creíble ante el mundo que observa.
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Sugerencias para la oración: Pídale a Dios que le ayude a mantener un equilibrio bíblico entre la doctrina y la práctica. Ore para que Él corrija aquello en lo que ha perdido el equilibrio.

Para un estudio más profundo: Memorice Santiago 1:25. Use una Biblia de estudio y busque versículos que traten con «la ley de la libertad».

Foto de Markus Spiske en Unsplash


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