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Por: A. W. Tozer

Y de igual el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. ROMANOS 8:26

La idea de que podemos adorar sin el Espíritu Santo no solo es errónea, también es peligrosa. La noción de que podemos poner al Espíritu Santo en un rincón, para ignorarlo, acallarlo, resistirnos a Él y, de todos modos, adorar a Dios de manera aceptable es una gran herejía que tenemos que corregir. Solamente el Espíritu Santo sabe cómo adorar a Dios de un modo aceptable.

Tenemos líderes de adoración que tratan de reemplazar al Espíritu Santo. Pienso que eso es reprensible. El que está ante una congregación y dirige la adoración tiene que ser alguien que se ha sometido a la refrescante obra del Espíritu Santo. La mejor preparación para la adoración no es el ensayo, sino la entrega, la rendición.

Algunos de nuestros mejores himnos fueron compuestos por hombres y mujeres tan completamente quebrantados ante Dios que lo único que les importaba era Él. El apóstol Pablo declara que es imposible orar sin el Espíritu; por lo tanto, las oraciones más poderosas son las que oramos en el Espíritu.

Del mismo modo, no podemos adorar sin el Espíritu Santo. Es hora de que la grey de Cristo vuelva a meditar en todo este asunto del lugar del Espíritu Santo en la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.

Ven, bendita, santa, celestial Paloma, Espíritu de luz, vida y amor,

¡A nuestras almas revive! Ven con el poder de Pentecostés,

Ven como el Espíritu Santo con sus siete dones,

Y llena hoy nuestros corazones.

B. SIMPSON (1843-1919)

Padre celestial, te pido que me lleves a ese lugar en donde solo importas tú y que hagas lo que se requiera para que así sea. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Foto de Portada Michael Pointner en Unsplash


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