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Por: Andrew Murray

2 Corintios 8:10-11: Fuisteis los primeros en comenzar hace un año no solo a hacer esto, sino también a desear hacerlo. Ahora pues, acabad también de hacerlo; para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo.

Todos sabemos el abismo que existe muchas veces en la vida cristiana entre el querer y el hacer, y esto es algo que también se cumple en las ofrendas. ¡Cuántos son los que anhelan que llegue un tiempo en el que estén mejor para poder dar más! Y, mientras tanto, esa disposición imaginaria a dar más los engaña y crea una apariencia de cumplir con el deber de ser generosos en el presente. ¡Cuántos que tienen los medios y la intención de ser generosos, dudan, y la gran donación que querían hacer nunca se produce durante sus vidas ni tampoco en su testamento! ¡Cuántos son los que se consideran generosos por lo que desean hacer, aunque lo que hacen con respecto a sus medios actuales no es lo que Dios amaría ver! El mensaje se aplica a todos: «Ahora pues, acabad también el hacerlo; para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo según lo que tengáis».

El amor que da generosamente de acuerdo a lo que tiene se encuentra con el amor del Padre desde el cielo. Busquemos redimir nuestras ofrendas de todo lo que es común e insignificante sosteniendo esta bendita seguridad: es aceptable. Neguémonos a dar lo que parece satisfacernos: hagamos una pausa y regocijémonos en el llamado de Dios a dar, y en Su Espíritu que nos enseña cuánto y cómo dar, y, entonces, el gozo profundo de dar vendrá a nosotros. Este es el sello del Espíritu, indicando que el Padre lo recibe con agrado

Foto de Portada Christian Dubovan en Unsplash


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