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Por: Charles Spurgeon

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan,  y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte,  y a aquéllos olor de vida para vida.  Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? (2 Corintios 2:15- 16 RV60)

Si alguna vez ha sido “olor de vida”, siempre lo será; porque no dice que sea olor de vida para muerte, sino olor de vida para vida”. Al llegar a este punto, debo asestar otro golpe a mis antagonistas los arminianos; no puedo remediarlo. Ellos sostienen que, a veces, el Evangelio es olor de vida para muerte.

Nos dicen que un hombre puede recibir vida espiritual, y no obstante, morir eternamente. Es decir, puede ser perdonado y, después, castigado; puede ser justificado de todo pecado, y, sin embargo, sus faltas pueden ser cargadas de nuevo sobre sus espaldas. Un hombre puede haber nacido de Dios, y no obstante morir; puede ser amado por Dios, y a pesar de ello Dios puede odiarle mañana. ¡Oh! No puedo soportar el hablar de tales doctrinas de mentira; que crean en ella los que quieran.

Por lo que a mí respecta, creo tan profundamente en el amor inmutable de Jesús, que supongo que si un creyente estuviera en el infierno, el mismo Cristo no estaría mucho tiempo en el cielo sin gritar: “¡Al rescate! ¡Al rescate!” ¡Oh!, si Jesucristo estuviera en la gloria y de su corona faltara una de sus piedras preciosas, la cual poseyera Satanás en el infierno, éste diría: “¡Mira, Príncipe de la luz y de la gloria, tengo en mi poder una de tus joyas!” Y manteniéndola en alto, gritaría: “Tú diste tu vida por este hombre, pero no tienes poder suficiente para salvarle; Tú lo amaste una vez, ¿dónde está tu amor? ¿De nada le sirve porque más tarde lo odiaste!” Y cómo se reiría sarcásticamente de aquel heredero del cielo, diciendo: “Este hombre fue redimido; Jesucristo lo compró con su sangre”. Y, arrojándolo a las olas del averno con grandes carcajadas, diría: “¡Toma, redimido!; Ve como puedo robar al Hijo de Dios!” Y con gozo maligno continuaría repitiendo: “Este hombre fue perdonado, ¡contemplad la justicia de Dios! Es castigado después de haber recibido el perdón. Cristo sufrió por sus pecados y, no obstante, yo lo poseo; ¡porque Dios hizo pagar la deuda dos veces!” ¿Creéis que podrá decirse esto?; Ah!, no. Es “olor de vida para vida”, y no de vida para muerte. Seguid con vuestro evangelio envilecido, predicadlo donde os plazca; pero mi Maestro dijo: “Yo doy a mis ovejas vida eterna”.

Vosotros dais a vuestras ovejas vida temporal, y ellas la pierden; pero Jesús dice: “Yo les doy vida ETERNA; y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Cuando hablo de este tema, generalmente me acaloro, porque creo que hay muy pocas doctrinas tan importantes como la de la perseverancia de los santos; porque si uno de los hijos de Dios llegara a perecer, o si yo supiese que esto pudiera suceder, sacaría la conclusión inmediata de que yo podría ser uno de ellos, y supongo que a cada uno de vosotros os pasaría lo mismo y en este caso ¿dónde están el gozo y la felicidad del Evangelio? De nuevo repito que el evangelio arminiano es una cáscara sin almendra; una corteza. Sin el fruto; que se lo queden aquellos a quienes agrada.

No discutiremos con ellos. Dejad que continúen predicándolo. Dejad que sigan diciendo a los pobres pecadores que, si creen en Jesús, serán condenados después de todo; que Jesucristo les perdonará y que, a pesar de ello, el Padre los enviará al infierno. Seguid predicando vuestro evangelio, porque ¿quién lo escuchará?; y si alguno lo escucha, ¿le sirve de algo oírlo? Os digo que no; porque si después de la conversión voy a quedarme en el mismo escalón en que me encontraba antes de convertirme, de nada me sirve, entonces, haber sido convertido. Más a aquellos a quienes Él ama, los ama hasta el fin.

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«Una vez en Cristo, en Cristo para siempre; Nada puede desunirse o separarse de Su amor.» Es “olor de vida para vida”. No solamente “vida para vida” en este mundo, sino “vida para vida” eternamente. Todo el que posea esta vida, recibirá la venidera; “gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que en integridad andan”.

Tomado de “No hay otro evangelio” pág. 95 – 96


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