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Por: John MacArthur

Este artículo forma parte de la serie de devocionales «Fortaleza para hoy»

«Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados». EFESIOS 4:1
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La pasión por Cristo es lo que nos impulsa a llevar una vida ejemplar.

¿Qué piensa usted cuando oye la palabra mendigo? Es probable que se imagine a una persona demacrada, vestida con harapos y con la mano extendida pidiendo dinero o comida.

¿Le sorprendería saber que el apóstol Pablo era un mendigo? Sin embargo, no pedía dinero, al contrario, lo que pedía era que las personas siguieran a Cristo. La palabra traducida «suplicar» en este versículo significa «llamar a alguien con intensidad» o «suplicarle a alguien».

Pablo suplicaba a muchas personas. Le suplicó a Herodes Agripa que escuchara el evangelio (Hechos 26:3). A la iglesia en Roma, le dijo: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Romanos 12:1). A los corintios les indicó: «Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Corintios 5:20). Como Pablo estaba comprometido con el principio de la verdad divina, le imploraba a la gente que respondiera. No enfocó el ministerio con desapego o indiferencia.

Pablo nuevamente se siente obligado a mendigar en Efesios 4:1: «Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados». No lo dice fríamente: «Que andéis como es digno». Les ruega. ¿Por qué? Porque cuando usted no anda como es digno, Dios no se glorifica en su vida, usted no es bendecido completamente, la iglesia no puede operar completamente y, por lo tanto, el mundo no puede ver a Jesucristo por lo que es. De manera que depende mucho de nuestro andar digno. Pablo nos suplica que mostremos cuán vital es eso.

La pasión de Pablo confirma una verdad importante: si bien el conocimiento es necesario en la vida cristiana, es nuestro deseo de ser como Cristo lo que nos impulsa a la rectitud.

Cuando tengamos ese deseo, será natural que roguemos a los que nos rodeen que sigan a Cristo también.
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Sugerencias para la oración: Pídale a Dios que le dé el corazón del apóstol Pablo, que dijo: «Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Corintios 5:20).

Para un estudio más profundo: Lea Filipenses 3:7-14: ¿Qué caracterizaba el celo de Pablo? ¿Cuáles de estas características le faltan a usted? Busque formas de reforzarlas mientras estudia a diario la Palabra de Dios.


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