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Por: Martyn Lloyd Jones

El ‘falso profesante’ cree que está seguro. Los que habían echado fuera demonios y hecho milagros en el nombre de Cristo estaban muy seguros de su salvación. No les quedaba ni una sombra de duda acerca de ello. Creían que habían sido perdonados; parecían estar en paz y disfrutando de los consuelos de la religión; parecían poseer poder espiritual y que estaban viviendo una vida mejor; decían ‘Señor, Señor’; y deseaban pasar a la eternidad con Él. Sin embargo, Él les dijo: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad!’ ¿Nos damos cuenta de que es posible poseer un falso sentido de perdón? ¿Nos damos cuenta de que es posible tener dentro de si una falsa paz? Alguien dice, «No me he preocupado por mis pecados durante años!’

Puedo muy bien creer esto, si es cristiano nominal solamente. El hecho de no haber pensado acerca de estas cosas durante años indica por sí mismo que algo anda mal respecto al sentido de seguridad y paz. El hombre que nunca sabe qué es poseer ciertos temores acerca de sí mismo, temores que lo empujan hacia Cristo, está en una condición sumamente peligrosa.

Se puede poseer falsa paz, falso consuelo, falsa guía. El demonio puede darnos una guía notable. También lo pueden hacer la telepatía y toda clase de fenómenos ocultos y otros muchos agentes. Hay poderes que pueden imitar fraudulentamente casi todo lo que hay en la vida cristiana. Y, como ya hemos visto en el párrafo anterior, estas personas pueden poseer un cierto poder espiritual. No cabe duda acerca de ello. Pueden poseer poder para ‘echar fuera demonios’ y hacer ‘muchos milagros’. No había diferencia evidente entre Judas Iscariote y los otros doce discípulos, aunque Judas era ‘el hijo de perdición’.

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