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Por: A. W. Tozer

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. ISAÍAS 26:3-4

La adoración es un aspecto importante de mi adoración privada a Dios. No es algo que pueda lograrse por medio de algún esfuerzo humano, sino que se vuelve incandescente por el fuego del Espíritu Santo en mi vida. Mi adoración a Dios tiene que ser ese sentimiento de temor reverencial, maravilla y adoración, amor, anhelo y espera en Dios.

David Brainerd murió en la casa de Jonathan Edwards cuando tenía 29 años. Durante su corta vida tuvo tal pasión por Dios que no había nada más que pudiera saciar su corazón. Se arrodillaba en la nieve y se ensimismaba tanto en la adoración, la oración y la intercesión que cuando terminaba la nieve se había derretido a su alrededor, formando un gran círculo. Necesitamos ese tipo de pasión. ¡Ah, si hubiera hombres y mujeres con tal anhelo de Dios que todo lo demás quedara en segundo lugar!

Quiero que mi adoración a Dios sea así de real. No quiero imitar rituales y elementos accesorios en mi adoración. Prefiero buscar esa pasión al adorar que esos hombres tuvieron. Quiero amar a Dios más que cualquier persona de mi generación.

Precioso Salvador,

Señor de las naciones,

Hijo de Dios e Hijo del Hombre!

Gloria y honor, alabanza y adoración

Sean a ti, ahora y siempre!

TRADUCIDO POR JOSEPH A. SEISS (1823-1904)

Amado Señor Jesús, vengo a ti porque me pediste que viniera. Con corazón tembloroso elevo mi voz, alabándote y adorándote. En tu precioso nombre, amén.

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