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Por: A. W. Tozer.

De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. SALMOS 90:14

Uno de los aspectos más deleitables de la lectura de la Biblia es que encontramos personas completamente fascinadas con Dios. Si lee c libro de los salmos, su corazón se conmoverá al encontrarse con la fascinación humana ante Dios.

Allí donde se conoce a Dios mediante la iluminación del Espíritu hay una fascinación, un entusiasmo moral inextinguible. Esa fascinación se aviva y refleja en la presencia y persona de Dios. Se enciende con el asombro y la maravilla de la inconcebible elevación, magnitud y esplendor de Dios.

Quiero empezar con Dios y terminar con Dios. Quiero saber que tendré mi final con Él, porque en Dios no hay final. Esta fascinación e el sentimiento de adoración del que provienen los himnos. Estos sur gen a partir de ese sentimiento de admiración y fascinación ante Dios Quiero que la maravilla me encante, que me impacte, ante la inconcebible elevación, magnitud y esplendor moral de aquel a quien llame «Padre nuestro que estás en el cielo».

Que veamos sin duda tu salvación perfecta, Y que alcancemos todos en ti restauración.

Acaba así, por tanto, tu nueva creación;

Seamos ya por siempre puros, sin mancha alguna

Que así, de gloria en gloria seamos convertidos

Hasta cuando ocupemos el celestial lugar,

Y echemos a tus pies toda corona nuestra.

En prodigios, amor y alabanza sumidos.

CHARLES WESLEY (1707-1788)

Tu amor, oh Dios, me llena de extático deleite cuando pienso en él. Meditar en tu amor crea en mí insatisfacción ante este mundo. Ven, Señor Jesús, ven. Amén.

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