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Por: JIM NEWHEISER

Existe un gran misticismo en cuanto a la cuestión de encontrar un compañero o compañera de vida. En las películas antiguas, el héroe y la heroína miran al otro lado del salón y, cuando sus ojos se encuentran por primera vez, saben de inmediato que fueron hechos el uno para el otro. A muchos jóvenes se les dice que “cuando llegue la persona correcta, lo sabrás”. En la película de Disney, el búho sabio le dice a Bambi y a Tambor que los animales se encaprichan repentinamente en la primavera. Sin embargo, la Biblia advierte que esos sentimientos, incluyendo la atracción y la vanidad románticas, muchas veces pueden ser engañosos. El corazón es engañoso (Jer 17:9); el encanto y la belleza son seductores (Pro 31:30a); y en muchos casos: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte” (Pro 14:12). Sansón pensó que había encontrado “el amor a primera vista” (Jue 14:1-216:4). Sin embargo, al final lo que creía que era amor era solamente su lujuria, que después resultó siendo su ruina. Los solteros deben guardar sus corazones y establecer prioridades bíblicas al buscar a un cónyuge. La Escritura les dice que lo más importante en un cónyuge es que tenga temor del Señor: “La mujer que teme al Señor es digna de alabanza” (Pro 31:30b).

A muchos cristianos se les ha dicho que deben buscar a la persona especial que Dios ha escogido justamente para ellos. Aunque es cierto que Dios en Su soberana voluntad ha determinado con quién nos casaremos, la Escritura no enseña que debemos esperar una guía mística para encontrar al cónyuge perfecto. Somos responsables de tomar una decisión sabia basada en lo que Dios ha revelado en Su Palabra (Sal 119:105). Así como en la historia de Sansón (con Dalila), Dios no siempre impide que las personas tomen decisiones poco sensatas o incluso pecaminosas. He conocido a personas que creyeron que Dios les había dicho con quién casarse por medio de una señal o algún otro medio místico. En la mayoría de estos casos, si hubieran evaluado objetivamente a la persona, se habrían dado cuenta de que no estaba preparado para ser un cónyuge piadoso. Por lo general, tales matrimonios son bastante infelices, y es común que los creyentes que tomaron la decisión insensata se vean tentados a culpar a Dios cuando, en realidad, son víctimas de su propia teología engañosa.

LOS DOS DEBEN SER APTOS PARA EL MATRIMONIO

La Biblia establece algunos límites respecto a la persona con la que te puedes casar. La Escritura prohíbe el matrimonio entre familiares cercanos (Lv 18:8- 18). ¿Alguno de los dos sigue casado legalmente con alguien más? ¿Alguno se ha divorciado ilegítimamente? Jesús dice que “excepto en caso de inmoralidad sexual, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio” (Mt 19:9; ver también las preguntas 31-33). ¿Existen otros enredos del pasado sin resolver, como hijos de relaciones anteriores, una relación existente, un compromiso anterior, etc.? Ambas partes deben haber resuelto dichos asuntos de una forma piadosa antes de ser libres para comenzar un matrimonio que honre al Señor.

LOS CRISTIANOS DEBEN CASARSE SOLAMENTE EN EL SEÑOR

La Escritura dice que un creyente no debería siquiera considerar salir con un no creyente. El antiguo pacto prohibía que los israelitas se casaran fuera de la comunidad del pacto: “Tampoco te unirás en matrimonio con ninguna de esas naciones; no darás tus hijas a sus hijos ni tomarás sus hijas para tus hijos, porque ellas los apartarán del Señor y los harán servir a otros dioses. Entonces la ira del Señor se encenderá contra ti y te destruirá de inmediato” (Dt 7:3-4). En el Nuevo Testamento, Pablo da una advertencia general sobre estar en “yugo desigual” con los no creyentes (2Co 6:14-18, RVC). Además, habla de forma explícita de su derecho a “viajar acompañado por una esposa creyente” (1Co 9:5) y también dice a las viudas que son libres para volverse a casar con quien quieran, “con tal de que sea en el Señor” —es decir, solamente con un cristiano (1Co 7:39). El ejemplo trágico del rey Salomón, cuyo corazón se apartó del Señor a causa de sus esposas, sirve como una advertencia para los que desobedecen estos mandamientos (1R 11:1-8). Si el hombre más sabio que existió podía convertirse en un necio al casarse con alguien que no compartiera su fe, ¿cuánto más deberíamos nosotros cuidarnos de nuestras propias decisiones románticas?

Algunos cristianos dicen que planean usar su relación romántica con el propósito de evangelizar a su novio o novia. Pablo dice que no hay forma de que estas personas sepan si podrán guiar a otro a la fe: “¿Cómo sabes tú, mujer, si acaso salvarás a tu esposo? ¿O cómo sabes tú, hombre, si acaso salvarás a tu esposa?” (1Co 7:16). A menudo, cuando un creyente opta por buscar una relación romántica con un no creyente, es él mismo quien está siendo influenciado. El hecho de que un creyente sea capaz de escoger a esta persona por encima de su relación con el Señor es una concesión peligrosa que anuncia que vendrán muchas más.

NO BASTA CON QUE UNA PERSONA DIGA QUE ES CRISTIANA

El hecho de que alguien profese ser creyente no es suficiente. La Escritura nos advierte que muchos de los que afirmaban ser seguidores de Jesús demostraron que mentían (Lc 8:13-14Stg 2:14-261Jn 2:19). Al considerar el matrimonio, debes ir más allá de las palabras de una persona y buscar evidencia de que tiene una relación viva con el Señor. Jesús dice que “por sus frutos los conocerán” (Mt 7:20). ¿Demuestra el fruto del Espíritu Santo (Gá 5:22-23) o se caracteriza por las obras de la carne (5:19-21)? ¿Es un miembro comprometido que sirve en una iglesia bíblica? ¿Tiene una buena reputación con los líderes de su iglesia? Todos estos son buenos indicadores del verdadero estado espiritual de una persona.

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Este artículo ¿Con quién te debes casar? fue adaptado de una porción del libro Matrimonio, divorcio y nuevo matrimoniopublicado por Poiema PublicacionesPuedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

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