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Por: John MacArthur

La próxima pregunta lógica a hacer en nuestro breve estudio de lo que dicen las Escrituras sobre «el diezmo» es: «El Nuevo Testamento enseña el mismo patrón de dádiva que acabamos de ver en el Antiguo Testamento?» La respuesta es un sí rotundo. De hecho, el Nuevo Testamento contiene un paralelismo exacto con la enseñanza del Antiguo Testamento. Todavía hay dos tipos de dádivas: La necesaria y la voluntaria.

La dádiva necesaria en la época de Jesús todavía existía en la forma del sistema de tributación mosaico. Muchos de los elementos de la teocracia aún estaban operantes. Los levitas, los fariseos y los saduceos poseían todo el poder político real y dirigían el gobierno, bajo la dirección de los romanos ocupantes. El muro del patio del templo tenía recipientes en forma de trompetas en los que las personas depositaban su dinero de los impuestos. Hacían eso con cuidado como su deber y responsabilidad para con los líderes religiosos.

Además, los Evangelios hacen referencia a la carga de impuestos exorbitantes que los romanos, por medio de cobradores judíos (publicanos), imponían en el pueblo (cp. Mt. 5:46-47; Mr. 2:14-16; Lc. 5:29- 30; 19:2, 8). A pesar de esa extra tributación, la cual por lo general era injusta y lo judíos la odiaban de un modo universal, Jesús nunca comentó sobre la equidad de la misma. En cambio, Él defendió el principio del Antiguo Testamento y enseñó que debemos pagar nuestros impuestos. El Evangelio según San Mateo registra la enseñanza básica de Jesús sobre los impuestos de tata manera:

Mateo 17:24–27 (RVR60): Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti. (Mt. 17:24-27)

Por una parte, Jesús estaba diciendo que, como el Hijo del Padre, Él no tenía que pagar impuesto alguno y tampoco sus seguidores, que son hijos de su Padre celestial. Pero, para que ni él ni su Maestro ofendieran a la autoridad, Jesús dijo a Pedro que pagara el impuesto del templo. Las palabras de nuestro Señor también constituyen un buen recordatorio de que debemos pagar nuestros impuestos porque Dios está detrás de todo gobierno humano y Él ordenó cualquiera que sea el sistema de tributación al que
pertenecemos (Ro 13:1-7; 1 P. 2:13; cp. Mt. 22:15-22).

Hay dos menciones solamente de la palabra real impuesto en los Evangelios y ambos casos se refieren a tributación o dádiva necesaria. En Mateo 23:23, Jesús les dijo a los fariseos: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello». La fuerte crítica de Jesús hacia los líderes religiosos no era por diezmo. Él sencillamente reconoció que ellos lo pagaban como parte de los requisitos mosaicos. En un sentido, Cristo los elogió por no descuidar su deber. En esto, su preocupación principal era que los fariseos habían ignorado hipócritamente los más altos principios morales de la ley.

Igualmente, Lucas 18:12 en la parábola del fariseo y el publicano (18:9-14) se hace referencia al pago de diezmos. El fariseo estaba alardeando en realidad por el pago de sus impuestos y esa actitud no tenía sentido porque de todos modos debemos pagar impuestos. Jesús no elogió ni condenó el concepto del diezmo, porque ese no era su objetivo en esta parábola. Su propósito era ilustrar la falacia de confiar en la propia justicia de uno para la justificación.

Hebreos 7:4-9 contiene varias referencias a las décimas partes y los diezmos, pero nuevamente no como directrices ni instrucciones para el ejercicio contemporáneo de la iglesia, El pasaje es sencillamente un  recuento de un suceso histórico del encuentro de Abraham con Melquisedec, un suceso del Antiguo Testamento que analizamos anteriormente en este capítulo. El objetivo del autor es el sacerdocio de Cristo, que es sacerdote según el orden de Melquisedec.

Por ende, entre todas las referencias del Nuevo Testamento a un diezmo o el 10 por ciento, no hay mandato para los creyentes sobre la necesidad del 10 por ciento. Eso es porque el diezmo nunca ha sido una ofrenda para Dios, siempre fue una forma de tributación para sustentar el gobierno.

La enseñanza de la Biblia sobre el diezmo en comparación con la dádiva voluntaria es importante. El diezmo tanto en épocas del Antiguo como del Nuevo Testamento era el pago de impuestos y los judíos bajo la ley mosaica pagaban hasta un 25 por ciento por año en diezmos (eso es mucho más que el 10 por ciento). Durante años, muchas iglesias fundamentalistas, evangélicas, conservadoras, denominacionales y no denominacionales han promovido el diezmo como la norma básica para lo que sus miembros deben poner en el plato de la ofrenda. Pero un concepto tan inflexible, visto como un principio eterno y universal para todos los creyentes, sencillamente no se enseña en las Escrituras.

El principio del Nuevo Pacto sobre la dádiva -por el que usted y yo debemos regir nuestra vida- no se deriva de algún por ciento obligatorio. La dádiva del Nuevo Pacto nace del corazón y se determina personalmente, está basado en el modelo y muestra las características que analizamos en los capítulos 5 y 6 de este libro, Segunda Corintios 9:6-7 constituye un excelente resumen de cómo debemos darle al Señor: «El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno de como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre»

Tomado del libro ¿A quién pertenece el dinero? Del pastor John MacArthur, editorial Portavoz.

CLICK EN LA IMAGEN PARA DETALLES

LEE: ¿Es bíblico el diezmo?  (Parte I) – John MacArthur

LEE: ¿Es bíblico el diezmo?  (Parte II) – John MacArthur

LEE¿Es bíblico el diezmo?  (Parte III) – John MacArthur

LEE¿Es bíblico el diezmo?  (Parte IV) – John MacArthur

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