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Por: Jean Wilund

Cinco formas para animarte como madre cristiana

Ser mamá es un llamado santo y una gran responsabilidad. La Palabra de Dios brinda la ayuda que necesitamos para tener el mejor éxito.

  1. Recuerda quién es Dios

Solo hay un Dios y tú no eres Él. Solamente Dios controla todo, incluidos tus hijos, y los ama aún más que tú. Siempre que reconozcas que te estás alejando de confiar en Dios, que estás tratando de evadirlo o manipularlo, inclínate. Inclínate ante el Señor y recuerda que solo Él es Dios (Isaías 46:9, Juan 17:3, Apocalipsis 1:8, Romanos 1:21).

«Porque así dice el Señor, que creó los cielos [Él es Dios]; (El Dios que formó la tierra y la hizo, la estableció y no la hizo un lugar desolado, sino que la formó para ser habitada): “Yo soy el Señor y no hay ningún otro”» (Isaías 45:18).

  1. Arrepiéntete de tus pecados

Mientras estás de rodillas adorando a Dios como Dios, arrepiéntete de tus pecados. A diario. Si has pecado contra tus hijos, confiésalo y pídeles perdón. Modela cómo se ve el apartarse de tus pecados y confiar en la presencia y el poder de Su Espíritu para ayudarte a caminar en obediencia a Su Palabra. Y luego descansa en Su perdón con gran alegría.

No es arrepentimiento si simplemente nos sentimos culpables o tristes por nuestro pecado, pero continuamos en él. Y no es descansar en gran gozo si nos estancamos en el remordimiento. El orgullo nos dice que podemos seguir pecando mientras pidamos perdón. El orgullo también nos dice que debemos ganarnos el perdón confesando y castigándonos a nosotras mismas o haciendo buenas obras. Su sangre pagó por nuestros pecados, no nuestro remordimiento ni nuestras buenas obras. Regocíjate en Su gracia y misericordia, y camina humildemente en piedad (Hechos 3:19; Mateo 3:8; 2 Crónicas 7:14). 

«Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad». -1 Juan 1:9

  1. Ora por tus hijos

Lleva con valentía a tus hijos al trono de la gracia y ora para que encuentren misericordia y salvación (Hebreos 4:16). Si tus hijos son cristianos, ora para que caminen de una manera digna de su llamado todos los días de su vida, para que tengan hambre y sed de justicia, para que amen la Palabra de Dios y busquen la comunión de otros cristianos. Y ora por tus nietos también. Ora para que continúe la herencia piadosa hasta que Cristo regrese.

«Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios». -Filipenses 4:6

  1. Confía y obedece la Palabra de Dios

Comprométete a estudiar la Palabra de Dios todos los días y obedecerla. Dios obra a través de Su Palabra para darnos el deseo y el poder de obedecer (Fil. 2:13; Heb. 13:20-21). No importa el costo, camina en la verdad por fe (Heb. 10:38). Cuando lo arruines, y lo harás, vuelve al punto 2 y arrepiéntete.

 «Si ustedes me aman [Jesús], guardarán Mis mandamientos». -Juan 14:15

  1. Enseña a tus hijos a conocer y obedecer al Señor y Su Palabra

Si tus hijos alguna vez se entregan al Señor por fe, es algo entre ellos y Dios. Sin embargo, Dios nos llama a educar a nuestros hijos para que lo conozcan por medio de Su Palabra y lo obedezcan. Establece una base bíblica sólida para tus hijos comprometiéndote con estos hábitos diarios:

  • Abre la Palabra de Dios y dirígelos a Cristo, el único camino al Padre.
  • Recuérdales que Cristo es su ejemplo perfecto, no tú. Por mucho que lo intentemos, no siempre modelaremos bien a Cristo.
  • Dependiendo de su edad y madurez, habla con tus hijos sobre sus luchas con el pecado. Facilítales que se acerquen a ti con sus desafíos modelando la gracia y el arrepentimiento.
  • Enséñales cómo orar y modelar una fe paciente al esperar Sus respuestas.
  • Explica las Escrituras y los poderosos atributos y formas de Dios.
  • Únete a una iglesia que enseñe fielmente la Biblia con humilde y firme convicción, y asiste fielmente.
  • Pídele disculpas a tus hijos cuando los trates mal, cuando peques contra ellos. Los tiempos de arrepentimiento te permiten modelar tu caminar con el Señor en humilde quebrantamiento y gozoso avivamiento.

«Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él». -Proverbios 22:6

La gloriosa conclusión: nosotras podemos fallar, pero Dios nunca lo hace

Si sientes que estás compitiendo por la «peor madre del año», o al menos la «peor madre del día», deja que esta gloriosa verdad levante tu corazón: no importa cuántas veces falles, Dios nunca lo hace.

El Señor no falló cuando te eligió para ser la madre de tus hijos, tan imperfecta como eres. En realidad, Él puede usar tus pecados e imperfecciones para atraer a tus hijos hacia Él. (Por cierto, esto no es una invitación al pecado).

Nuestros peores pecados no son el rival para la gracia y el poder de Cristo. Después de todo, Él devuelve la vida a los muertos. Él es el Señor Todopoderoso. No podemos impedir o reemplazar Su poder, no importa cuán defectuosas (¡o viejas!) lleguemos a ser.

Extracto de artículo publicado en Aviva Nuestros Corazones

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