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Por: John MacArthur.

1 Pedro 2:4-10: 4 Acercándoos a él, piedra viva,…5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo,…9 … vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, …10… sois pueblo de Dios;… habéis alcanzado misericordia.

Un estudiante universitario confesó una vez a un pastor: «He llegado a la conclusión de que no creo en Dios». «Ya veo», contestó el pastor, «por favor, cuéntame acerca del Dios en que no crees». El estudiante entonces describió a un ogro vengativo, injusto y arbitrario que se deleitaba en ver a los habitantes de la tierra dar tumbos por la vida en búsqueda de dirección y significado. Después de escuchar ese retrato de Dios, el pastor sabiamente contestó: «Yo tampoco creo en ese dios».

Como ese estudiante, mucha gente ha distorsionado su visión de Dios porque no pueden ver más allá de las circunstancias y condiciones que plagan nuestro mundo caído. Esta cosmovisión distorsionada evita que entiendan la bondad y misericordia de Dios. Pero nosotros, como creyentes, la entendemos porque vemos más allá de la dimensión física y experimentamos su gracia y bondad de muchas formas.

Las escrituras nos hablan mucho acerca de los deberes y responsabilidades de los cristianos, pero todo eso está equilibrado con los derechos y beneficios que tenemos en Cristo. Al escribir a los cristianos que experimentaban una dura persecución, el apóstol Pedro les recordó sus privilegios y les llamó a alabar a Dios por su gracia abundante (1 Pedro 2:9). Ese es tu llamado también.

Piensa en esos privilegios: tu unión con Cristo, el acceso a Dios, el papel de sacerdote, la seguridad espiritual, la elección, el dominio y la herencia. Las implicaciones de todos ellos son abrumadoras y deberían ser una fuente de gran gozo y acción de gracias conforme los estudias en la palabra de Dios.

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