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Por: A: W. Tozer.

Mateo 22:29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.

Hasta que la luz al completo de la Palabra inspirada de Dios inunda el paisaje religioso, todo parece oscuro y difícil de distinguir. Hasta las mentes más brillantes ven cosas que no están ahí, y pasan por alto cosas que sí están. Esta incapacidad para establecer los detalles es algo frustrante para aquellas personas con fuertes inclinaciones religiosas, y da como resultado un montón de especulaciones e improvisaciones teológicas. Este tipo de personas exige conocer, y aunque descuidan o rechazan las Santas Escrituras, tienen que conocer de alguna forma que les resulte satisfactoria a sí mismos.

Los amantes de la Biblia con frecuencia reciben la acusación de ser excesivamente dogmáticos, y puede ser que a veces lo sean. No quiero justificar un espíritu de arrogancia, pero la certeza del creyente puede entenderse cuando recordamos que proviene de su fe en las Escrituras como plena y verdadera revelación de la mente de Dios a los hombres. Su dogmatismo tiene el respaldo del «así dice el Señor» de los profetas y los apóstoles. Sin embargo, mi propia experiencia me ha enseñado que el dogmatismo más obstinado no se encuentra en aquellos que citan la Biblia para apoyar sus convicciones, sino entre aquellos que no citan a nadie y afirman que no hay autoridad espiritual más elevada que sus propias opiniones.

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