No olvides compartir ...

Por: A. W. Tozer

Continuemos.

Pero, ¿a qué se debe que los hijos e hijas de Dios sepan tan poco de esa habitual comunión consciente que se ofrece en las Escrituras? La respuesta puede ser: se debe a nuestra crónica incredulidadLa fe es lo que hace que nuestro sentido espiritual comience a funcionar. Cuando la fe es defectuosa, el espíritu se cierra, y nos hacemos insensibles interiormente y ciegos para las cosas espirituales. Este es el estado en que se encuentran muchos cristianos de hoy en día. No es necesario presentar pruebas para apoyar esta declaración; basta que hablemos con cualquier cristiano por ahí o entremos a la primera iglesia que esté abierta.

Hay todo un mundo espiritual que nos rodea y nos ciñe, esperando que lo reconozcamos. Dios mismo está a la espera que reconozcamos su presencia. Ese mundo espiritual, eterno y gigantesco, se nos hará evidente y sustancial en el mismo momento que reconozcamos su realidad. Acabo de emplear dos palabras que requieren explicación, si es que la hay. Ellas son «reconocer» y “realidad:”

¿Qué entendemos por «realidad»? Es aquello cuya existencia no depende de lo que yo, u otras personas, podemos pensar y concebir, algo que existe aunque no haya nadie que pueda pensar en ello. Algo real por sí mismo, que no depende del observador para su validez.

Sé muy bien que hay gente que hace chistes respecto al concepto de realidad. Son los idealistas, que urgen infinitas pruebas tratando de demostrar que fuera de la mente no hay realidad ninguna. Y son también los relativistas que dicen no haber en el universo ningún punto fijo a partir del cual se pueda medir algo. Ellos se ríen de nosotros, y nos califican con el mote, despectivo para ellos, de «absolutistas!’ Pero el cristiano no pierde la serenidad por ello. Más bien se ríe a su vez de los que lo tratan así, porque sabe que hay un Absoluto, y ese Absoluto es Dios. Y sabe también que ese Ser Absoluto ha creado el mundo para el uso del hombre, y aunque no hay nada fijo o real en el significado de las palabras (cuando aplicadas a Dios) para todos los fines de la vida humana se nos permite proceder como si lo hubiera. Y cada ser humano procede así, excepto los que están mentalmente enfermos. Estos seres infortunados también tienen problemas con la realidad; pero son tercos, y quieren vivir solo de acuerdo con sus propias ideas que se han formado de todas las cosas. Son sinceros, pero debido a esa misma sinceridad y honradez, se han creado un problema social.

Los idealistas y los relativistas no están mentalmente enfermos. Demuestran su buen sentido viviendo de acuerdo a nociones verdaderas de la realidad, aunque teóricamente las están rechazando. Las ideas de estos pensadores serían mucho más dignas de respeto si ellos vivieran conforme a lo que dicen, pero se cuidan muy bien de hacerlo. Sus ideas surgen del cerebro, no de la vida. Cada vez que algo afecta su vida, repudian sus propias teorías y viven igual que los demás.

El cristiano es demasiado sincero para ponerse a jugar con las ideas por el puro gusto de hacerlo. No le agrada tejer telas solo para darse el placer de exhibirlas. Todas sus creencias son prácticas y están engranadas en su vida. Por ellas vive, o muere, está en pie, o cae, en este mundo y para la eternidad. El cristiano no encuentra placer en la relación con personas cuya sinceridad no le inspira confianza. Por eso prefiere alejarse de ellas.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Búsqueda de Dios”

Lee Asidos a Dios 1

Lee Asidos a Dios 3

Siga leyendo …


No olvides compartir ...
Un comentario en «Asidos a Dios – A. W. Tozer (Parte II)»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

× Recibe nuestros artículos