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Por: David Wilkerson

El Espíritu Santo anhela que el pueblo de Dios vuelva a servir al Señor con gozo y alegría. Cuán afligido debe estar el cielo al presenciar el manto húmedo de desesperación y tristeza que ha caído sobre multitudes de creyentes. El salmista declaró: “Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová” (Salmos 144:15). El profeta Isaías también dijo: “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación” (Isaías 12:3).

Cuando el Espíritu Santo comenzó a tratar conmigo sobre el tema de servirle con gozo, me costó mucho enfrentar la seriedad del asunto. No entendía por completo la actitud de Dios. Me preguntaba qué tan importante podría ser en comparación con todos los problemas desgarradores del mundo actual.

Pocos cristianos tienen un conocimiento de la verdad sobre la libertad y el sacrificio liberador de vida de Cristo. Nunca han permitido que la cruz los libere de todo temor y atadura. No podemos regocijarnos y estar sumamente contentos en nuestra relación con el Señor cuando tenemos un conocimiento limitado de lo que sucedió en la cruz.

No necesitas entender todas las doctrinas de expiación, reconciliación, propiciación, gracia, santificación, etc. Todo lo que necesitas saber para vivir gozosamente para el Señor es esta verdad fundamental: ¡Dios estaba completamente satisfecho con el sacrificio de Cristo en la cruz! Eso era todo lo que se necesitaba.

Dios ahora perdona gustosa y gozosamente a todos los que se arrepienten. No regocijarse en el perdón de Cristo es dudar de su pago total por nuestros pecados. Deja que el Espíritu te haga comprender esta verdad de que somos llamados a la libertad. ¡Dios quiere que tengamos una abundancia de gozo que sea pleno y completo, apretado y rebosante!

Cristo oró por sus discípulos, diciendo: “…hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Juan 17:13). El Antiguo Testamento dice: “Los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido” (Isaías 35:10). La Palabra de Dios deja perfectamente claro que él anhela ser disfrutado por sus santos.

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