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Por: John MacArthur.

Génesis 12:7 contiene la segunda mención más importante de una ofrenda a Dios. El Señor había acabado de llamar a Abraham (en aquel entonces llamado Abram) a abandonar su tierra natal y ser el líder de una nueva nación. En el versículo 7, Dios refuerza su promesa a Abraham: «Y apareció Jehová a Abram y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido”. Abraham respondió libremente a la promesa maravillosa de Dios de que el sería el padre de una nación y dijo: «Gracia Dios», haciéndole una ofrenda. De nuevo, no hay mandato divino ni porcentaje estipulado que se deba ofrecer. Abraham sencillamente actuó por el gozo y la gratitud de su corazón (cp. Gn. 13:18). El equivalente hebreo de «diezmo» apareció por primera vez al final de Génesis 14:17-20:

Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

Dios había acabado de darle a Abraham una gran victoria en batalla y le permitió tomar una cantidad valiosa del botín. De regreso a casa Abraham se encontró con ese personaje asombroso de Melquisedec, que era tanto rey como sacerdote, un sacerdote del Dios Altísimo, el mismo Dios a quien adoraba Abraham. Él estaba tan agradecido de Dios por todo lo que había hecho por él y por cómo el Señor lo había protegido y por la oportunidad de conocer a Melquisedec, que alegremente y con agradecimiento «le dio [a Melquisedec] los diezmos de todo». Abraham expresó su gratitud a Dios por medio de su representante, el sacerdote Melquisedec.

Vale la pena notar que el versículo 20 no dice que Abraham le diera una décima parte de todo cuanto poseía. No era un diezmo de su ingreso total ni alguna clase de diezmo anual, sino sencillamente una décima parte de lo que había tomado en la batalla. De hecho, no se registra en ninguna parte del Antiguo Testamento que Abraham volviera a dar diezmo. Así que el diezmo de Abraham era una acción libre, voluntaria y de una sola vez, totalmente motivada por su corazón, no por mandato divino. La verdad importante a recordar es la siguiente: Abraham (a través de Melquisedec) le dio a Dios una décima parte de lo mejor, una décima parte del pináculo de los botines (como demuestra el griego en Hebreos 7:4) en reconocimiento de su compromiso y gratitud totales al Señor. Resulta poco prudente afirmar cualquier otra cosa a partir del significado del diezmo de Abraham en Génesis 14.

La única otra mención del diezmo antes de la ley mosaica está en Génesis 28:20-22, la historia del voto de Jacob. Sin embargo, la enseñanza principal a sacar de ese relato no es que debamos hacer lo que hizo Jacob dando un diezmo, sino que debiéramos evitar su carnalidad espiritual. El versículo 22 describe en realidad el intento de Jacob de sobornar a Dios cuando él dice: «esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti». Jacob estaba haciendo sencillamente lo que hacían los paganos de aquella región: Le daba un diezmo a su Dios, pero solamente si Él hacía lo que le pedía. Jacob estaba tratando de comprar la bendición de Dios en forma de ropa, alimento y un viaje seguro (vv. 20-21). Su motivo para dar un diezmo distaba de la sinceridad.

Si los supuestos diezmos mencionados en Génesis no eran obligatorios, ¿hay algún caso significativo de dádiva necesaria registrado en la era premosaica? La respuesta es sí (Génesis 41); sin embargo, tal dádiva aún así no concuerda con la definición tradicional del diezmo del laico contemporáneo.

Génesis 41 comienza con el sueño de Faraón y la interpretación que hace José del mismo. José, con la guía divina, interpretó con exactitud el sueño prediciendo la venida de siete años de abundancia para Egipto, seguidos de siete años hambruna. Y he aquí la forma en que José le dijo a Faraón que respondiera a tal situación: «Haga esto Faraón y ponga gobernadores sobre el país y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia» (41:34). Esos gobernadores eran el equivalente de agentes antiguos del Servicio de Rentas Internas, cuya tarea sería recaudar veinte por ciento de todo lo que se producía cada uno de los siete años y guardarlo para que se usara durante los siete años de hambruna. Lo quiera o no, esa recaudación fue una versión primitiva de un impuesto sobre la renta nacional y fue introducido por Dios para apoyar a la nación de Egipto.

En Génesis 47:24, José reitera la necesidad de la tributación: «De los frutos daréis el quinto a Faraón y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras y para vuestro mantenimiento y de los que están en vuestras casas y para que coman vuestros niños». Eso era dádiva necesaria. Todo el mundo tenía que participar en la misma para apoyar el gobierno nacional. En comparación, la dádiva voluntaria en la época previa a Moisés estaba dirigida a Dios y se hacía con amor, con generosidad y personalmente. Ninguna forma de dar era un diezmo.

Continuará …

Tomado del libro ¿A quién pertenece el dinero? Del pastor John MacArthur, pág. 115 – 116, editorial Portavoz.

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LEE: ¿Es bíblico el diezmo?  (Parte I) – John MacArthur

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Un comentario en «¿Es bíblico el diezmo?  (Parte III) La dádiva desde Abraham hasta Moisés – John MacArthur»

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