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Por: Martyn Lloyd Jones.

¿Acaso no contristamos e insultamos al Espíritu cuando nos interesa más su poder o las experiencias y los dones que nos proporciona que Él mismo?

No creo que haga falta ahondar más en esto, puesto que los ejemplos que se le vienen a la cabeza a uno son obvios. No hay nada más insultante para alguien que transmitirle la impresión de que en realidad no nos interesa él, sino meramente lo que puede hacer por nosotros.

¿Existe algo más hiriente que sentir que no se nos quiere por lo que somos como personas, sino únicamente por lo que podemos proporcionar? Sin embargo, es muy fácil caer en esa situación con respecto al Espíritu Santo.

Si deseamos las experiencias, los dones y las manifestaciones en lugar de al Espíritu mismo, le estamos insultando. ¡Con qué frecuencia somos culpables de eso! Anhelamos tener poder en la predicación, poder en nuestras vidas, anhelamos poder ostentar ciertas cosas espectaculares en nuestra experiencia, y mientras tanto nos olvidamos del Espíritu, y así, muchas veces somos culpables de contristar al sensible, santo y delicado Espíritu Santo.

Fragmentos tomados del libro “Vida en el Espíritu” pág. 573 – 574

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