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Por: Paul Washer.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1: 13 14 RV 1960)

La palabra “sellado” viene del griego sfragízo que significa “estampar con un sello o hacer una marca”. En las Escrituras, la palabra se utiliza para denotar varias verdades: pertenencia o posesión (2ª Corintios 1:22; Apocalipsis 7:2-3), seguridad (Mateo 27:66; Efesios 4:30), y autenticación y aprobación (Juan 3:33; 6:27).

La palabra “arras” viene del griego arrabón, que expresa un depósito, una fianza o un pago adelantado para asegurar la compra final, pago inicial con la promesa del pago total. ¡El Espíritu Santo, quien mora, revive y fortalece al creyente, es el sello de propiedad de Dios así como su garantía de la salvación final y completa en su presencia! ¡Nuestro Dios es un Dios salvador, Padre, Hijo y Espíritu Santo! El Padre, quien diseñó nuestra salvación y gobierna cada uno de sus detalles, es Dios. El Hijo, de cuya persona y obra depende nuestra salvación, es Dios. El Espíritu, que mora en nosotros y nos sella para el día de la redención, es Dios (Efesios 4:30).

Cada persona involucrada en nuestra salvación es completamente Dios. Por lo tanto, podemos tener la firme confianza de que el Dios que comenzó la buena obra la perfeccionará sin fallar (Filipenses 1:6).

Fragmentos extraídos del Libro “Conociendo al Dios vivo” pág. 269

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