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Por: Wayne Grudem

Los dos Requisitos para ser un apóstol fueron [1] haber visto a Jesús después de su resurrección con los propios ojos (así, “ser un “testigo ocular de la resurrección”), y [2] haber sido específicamente condicionado por Cristo como su apóstol.

El hecho de que un apóstol tenía que haber visto con sus propios ojos al Señor resucitado se indica en Hechos 1:22, en donde Pedro dijo que la persona para reemplazar a Judas «sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección» (RVR). Es más, fue «a los apóstoles que había escogido» que “después de padecer la muerte se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció» (Hch 1:2-3; cf. 4:33).

Pablo da gran importancia al hecho de que él reunió estos requisitos aunque de una manera inusual (Cristo se le apareció en una visión en el camino a Damasco y lo nombró apóstol: Hechos 9:5-6; 26:15-18). Cuando defiende su apostolado dice: «No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor?» (1 Co. 9:1). Y al mencionar a las personas a quienes Cristo se apareció después de su resurrección, Pablo dice: «Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles, y por último, como a un nacido fuera de tiempo, se me apareció a mi. Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol» (1 Co. 15:7-9). 

Estos versículos se combinan para indicar que a menos que alguien haya visto con sus propios ojos a Jesus después de la resurrección, no podía ser apóstol.

El segundo requisito, nombramiento específico por Cristo como apóstol, también es evidente en varios versículos. Primero, aunque el término apóstol no es común en los evangelios, a los 12 discípulos se les llama «apóstoles» específicamente en el contexto en que Jesús los comisiona, «enviándolos» a predicar en su nombre: Ver Mt : 1:1-7

 De modo similar, Jesús comisiona a sus apóstoles en un sentido especial para que sean sus «testigos… hasta los confines de la tierra» [Hechos 1:8]. Y al escoger a otro apóstol para que remplace a Judas, los once apóstoles no se irrogaron la responsabilidad sobre sí mismos, sino que oraron y pidieron que el Cristo ascendido haga nombramiento: Ver Hechos 1:24-26

Pablo mismo insiste en que Cristo personalmente lo nombró como apóstol. Cuenta como, en el camino a Damasco, Jesús le dijo que no estaba nombrando como apóstol a los gentiles: «Me he aparecido a ti con el fin de designar siervo y testigo… Te libraré de tu propio pueblo y de los gentiles. Te envío a éstos» [Hch 26:16-17]. Más adelante afirma que fue específicamente nombrado por Cristo como apóstol [Ver Ro. 1:1; Ga. 1:1; 1 Ti 1:12; 2:6; 2 Ti 1:11]

Tomado de: Teología Sistemática Wayne Grudem pág 953

Wayne Grudem: Licenciado en ciencias económicas por la Universidad de Harvard, Master en Divinidades por el Seminario Teológico Westminster, y doctor en estudios del Nuevo Testamento por la Universidad de Cambridge. Tras 20 años de profesor en el Trinity Evangelical Divinity School, en Deerfield, Illinois, donde fue presidente del departamento de Teología Bíblica y Sistemática, en 2001 aceptó el cargo de Profesor de Investigación de Teología y Estudios Bíblicos en el Seminario de Phoenix, en Scottsdale, Arizona.

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