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Por: Charles Stanley

Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. —FILIPENSES 4:6-7

Padre, vengo ante Ti hoy con ansiedad en mi corazón. Los «¿qué pasaría si . . .?» me están abrumando. A veces, este desasosiego me ataca de una manera que consume mis pensamientos y me paraliza de seguir adelante. No puedo liberarme de esta aprensión solo. Aunque hay problemas reales que me preocupan y contribuyen a mi aprensión, creo que lo que realmente temo son las oscuras incógnitas que tengo por delante.

Sin embargo, Padre, esto me viene a la memoria y, por lo tanto, tengo esperanza: mi futuro está en Tus manos y nada puede impedir Tus propósitos para mí. Cuán agradecido estoy de que los días venideros te pertenecen a Ti. Gracias por obrar para liberarme de la esclavitud de esta ansiedad al sacar a la luz mis preocupaciones verdaderas. Traigo todos los temores de mi alma ante Ti.

Tú sabes lo que realmente me consume y domina mis pensamientos: los mecanismos de afrontamiento y las falsas creencias que me mantienen temeroso. Gracias por revelar esas partes heridas, enfermas y rotas dentro de mí y por Tu amor y Tu gracia liberadora que me dan poder para superarlas, incluso ahora mismo. Gracias por enseñarme la verdad por la cual puedo ser liberado.

Señor, reconozco que, al final, lo que estoy enfrentando es una batalla de fe y que gran parte de los problemas que tengo se reducen a lo que creo sobre Ti. De la misma manera, es posible que parte de mi ansiedad proceda de las interacciones negativas con figuras de autoridad y experiencias a temprana edad que han influido en la manera en que te veo.

Padre, deseo saber quién eres realmente. Revélate a mí a través de Tu Palabra. Señor, donde tenga percepciones equivocadas de Tu carácter o intenciones, por favor, expúlsalos. Ayúdame a verte como mi perfecta seguridad, identidad y la meta más alta de mi vida. Sé que, si confío en Ti, nunca me decepcionaré.

Por lo tanto, declaro una vez y para siempre que confío en Ti. Confío en que eres más grande, más fuerte y poderoso que cualquier problema que yo podría enfrentar. Gracias por ser mi Padre, por entender mi situación y preocuparte lo suficiente como para ayudarme en cada circunstancia de la vida. Estoy agradecido de que esta situación me ayudará a conocerte mejor, que Tú siempre me mostrarás qué hacer y que me guiarás de la mejor manera posible.

Así que te entrego mis preocupaciones y confío en que ya me has dado la victoria por medio del Señor Jesús. Estoy tan agradecido de que me ames incondicionalmente, has prometido proveerme y tienes la sabiduría y las fuerzas necesarias para liberarme de esta esclavitud de la ansiedad.

Gracias, Padre, porque Tu sanidad en mí ha empezado. No dejes que me aleje de Ti, fortaléceme con Tu valor y restáurame mediante Tu amor y Tu sabiduría. A través de la obra de Tu Espíritu Santo, saca a la luz lo oculto, restaura lo que fue roto y conviérteme en esa persona que planeaste que sería cuando me formaste.

Encomiendo mi vida a Tu cuidado amoroso y Tu fiel mayordomía, porque sé que Tú nunca me decepcionaste y nunca me decepcionarás. Te bendigo y te alabo por Tu bondad y la paciencia con la que puedes enseñarme a caminar según Tu voluntad. Te agradezco por darme la paz que sobrepasa el entendimiento en todo lo que me concierne.

En el nombre de Jesús, te lo pido. Amén.

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