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Por: Charles Spurgeon

«Hay víveres en Egipto». Génesis 42:2

El hambre se hacía sentir en todas las naciones y parecía inevitable que Jacob y su familia fueran a sufrir grandes necesidades. Sin embargo, el Dios de la providencia, que nunca olvida a aquellos que son objeto de su amor, había provisto un granero para los suyos, notificando a los egipcios en cuanto a la escasez e induciéndolos a almacenar el grano en los años de abundancia.

Poca ayuda esperaba Jacob de Egipto; sin embargo, allí se encontraba almacenado el trigo para él. Creyente, aunque aparentemente todas las cosas estén en tu contra, descansa seguro, pues Dios tiene una reserva para ti. En la lista de dolores, hay una cláusula de salvaguardia: de alguna manera él te librará, y de algún modo te proveerá.

El lugar de donde ha de venir tu socorro puede ser completamente insospechado; pero, sin duda, en los momentos de apuro, la ayuda vendrá, y tú magnificarás el nombre de Dios. Si los hombres no te alimentan, los cuervos lo harán; si la tierra no te da trigo, el cielo te dará maná. Anímate, pues, y descansa tranquilo en el Señor. Dios puede hacer que el sol salga por el oeste si así lo quiere, y transformará la fuente de dolor en canal de delicias.

Todo el trigo de Egipto estaba en manos del amado José: él abría o cerraba los graneros según su voluntad. Así, también, las riquezas de la providencia se hallan todas dentro del ámbito del poder absoluto de nuestro Señor Jesús, quien las repartirá a su pueblo generosamente. José estaba bien provisto para socorrer a su familia, y Jesús no cesa de cuidar diligentemente de sus hermanos. Lo que nos corresponde hacer a nosotros es ir en busca de la ayuda que nos está reservada. No debemos quedarnos quietos, abatidos, sino movernos. La oración nos llevará pronto a la presencia de nuestro regio Hermano y, una vez delante del Trono, lo único que tendremos que hacer será pedir y recibir: sus depósitos no están exhaustos, hay trigo aún; su corazón no es duro, él nos dará trigo.

Señor, perdona nuestra incredulidad y constríñenos en esta noche para que tomemos de tu plenitud y recibamos gracia sobre gracia.

Tomado de Lecturas vespertinas pág. 150

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