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Por: Martyn Lloyd Jones

Los conocimientos y habilidades médicas no pueden prolongar la vida. Pensamos que pueden, pero es porque no lo sabemos. Todas estas cosas las determina Dios, y por eso, incluso los médicos, a menudo se sienten frustrados y perdidos. Dos pacientes que parecen estar en las mismas condiciones reciben el mismo tratamiento. Uno se recupera y el otro muere ¿Cuál es la respuesta? la respuesta es que «nadie puede añadir un codo a la duración de su vida».

Es un gran misterio, pero no podemos eludirlo. El tiempo de nuestra vida está en las manos de Dios, y hagamos lo que hagamos, con toda nuestra comida y bebida y recursos médicos, con todo lo que sabemos, con toda la ciencia y capacidad, no podemos añadir ni en lo más mínimo a la duración de la vida de un hombre. A pesar de todos los adelantos modernos en conocimientos, nuestros tiempos siguen estando en las manos de Dios, y en consecuencia, arguye nuestro Señor, ¿por qué todas estas preocupaciones, por qué toda esta excitación, por qué todo este afán y preocupación? La vida es un don de Dios. Él la da y Él decide el fin de la misma.

Él la sostiene, y estamos en sus manos. En consecuencia, cuando tendamos a sentirnos preocupados y angustiados, tratemos de reflexionar y decir: «no puedo ni comenzar ni continuar ni terminar la vida; todo eso está por completo en sus manos. Y si lo más grande está bajo su control, también le puedo dejar lo más pequeño». Uno no puede extender la propia vida ni en un codo; en consecuencia, reconozcamos la futilidad y pérdida de tiempo y energía que conlleva el preocuparse por estas cosas. Hagamos lo que nos corresponde; sembremos, cosechemos y almacenemos en graneros; pero recordemos que el resto está en las manos de Dios.

Uno puede tener las mejores semillas disponibles en el mercado; uno puede tener los mejores arados y todo lo necesario para sembrar; pero si Dios no diera el sol y la lluvia no habría cosecha. Dios está en última instancia en la raíz de todo. El hombre ocupa su lugar y hace su trabajo, pero Dios es quien da el incremento. Esto es lo que hay que recordar siempre, y se aplica siempre y en todas las circunstancias.

Un comentario en «La vida es un don de Dios. Él la da y Él decide el fin de la misma.»

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