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Por: John Piper

En medio de la aflicción y el dolor y la desesperación, las personas dicen cosas que de otra manera no dirían. Pintan la realidad con pinceladas más oscuras de lo que la pintarían al día siguiente, cuando el sol sale. Cantan en tonos más bajos y hablan como si esa fuera la única música. Ven solo nubes y hablan como si no hubiese un cielo.

Dicen: «¿Dónde está Dios?» o «No tiene ningún sentido seguir adelante». O dicen: «Nada tiene sentido» o «No hay esperanza para mí» o «Si Dios fuera bueno, esto no habría pasado».

¿Qué deberemos hacer con estas palabras?

Job dice que no necesitamos reprobarlas. Estas palabras se van con el viento o, literalmente, son «para el viento». Rápidamente se volarán. Habrá un giro en las circunstancias y la persona en desesperación despertará de la noche oscura y lamentará las palabras precipitadas.

Por lo tanto, el punto es que no gastemos energía y tiempo en reprobar este tipo de palabras. Se las llevará el viento. Uno no tiene que cortar las hojas en el otoño. Es un esfuerzo en vano. Pronto se volarán por sí solas.

Oh, qué rápido salimos a defender a Dios, o algunas veces la verdad, de palabras que son solo para el viento. Si tuviéramos discernimiento, podríamos ver la diferencia entre las palabras con raíces y las palabras que vuelan con el viento.

Existen palabras que están arraigadas en errores profundos y en gran maldad, mas no todas las palabras grises adquieren su color de un corazón negro. Algunas obtienen el color principalmente por el dolor y la desesperación. Lo que uno escucha no es la parte más profunda del interior. Existe una realidad interior de donde estas vienen, pero es temporal —como una infección pasajera—, real, dolorosa, pero no es la verdadera persona.

Aprendamos a discernir si las palabras que se dicen en nuestra contra o en contra de Dios o en contra de la verdad son solamente para el viento —dichas no por el alma, sino desde la herida—. Si son para el viento, esperemos en silencio y no censuremos. Restaurar el alma, no reprobar la herida, es el objetivo de nuestro amor.

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