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Por: Thomas Watson

Se muestra cómo un cristiano puede llegar a llevar una vida confortable, incluso un cielo en la tierra, las veces que lo quiera: por el contentamiento cristiano.

El confort de la vida no depende de tener mucho. Es la máxima de Cristo: «Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lc. 12:15), sino en estar contento. ¿Acaso la abeja no está contenta con la alimentación en el rocío y la succión de una flor, como el buey que pasta en las montañas? El contentamiento se encuentra dentro del hombre: en el corazón; y la manera de estar confortado, no es teniendo nuestros graneros llenos, sino nuestra mente tranquila. «El hombre contento —dice Séneca— es el hombre feliz».

El descontento es un humor preocupado, que seca el cerebro, desgasta los espíritus, corroe y carcome el consuelo de la vida. El descontento hace que un hombre no disfrute de lo que posee. Una o dos gotas de vinagre agria toda una copa de vino. Deje que el hombre tenga riquezas y confluencia de comodidades terrenales, y una o dos gotas de descontento le amargará y envenenará todo.

Sobre el autor: Predicador Puritano inglés, del que se ignora su genealogía y la fecha de su nacimiento. Estudió con ahínco en el Emmanuel College de la Universidad de Cambridge, llamada la “Escuela de los Santos”, porque allí recibió su educación universitaria un número elevado de los llamados Puritanos, o teólogos evangélicos reformados del siglo XVII

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