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Por: Charles Spurgeon

«El SEÑOR, poderoso en batalla»  Salmo 24:8 (LBLA)

Bien puede nuestro Dios ser admirable a los ojos de su pueblo, si tenemos en cuenta las grandes maravillas que él ha obrado por ellos, en ellos y por medio de ellos. Por ellos, el Señor Jesús venció a todos los enemigos en el Calvario, haciendo pedazos las armas del adversario mediante su perfecta obra de obediencia expiatoria. Por medio de su triunfante resurrección y ascensión, acabó con cada una de las esperanzas del Infierno: llevando cautiva la cautividad, exhibiendo públicamente a nuestros enemigos y triunfando sobre ellos en la cruz.

Todo dardo acusador que Satanás pudiera arrojarnos está quebrado, ¿porque quién puede tramar algo para acusar a los escogidos de Dios? Inútiles resultan las afiladas espadas de la malicia infernal y los perpetuos combates de la simiente de la Serpiente; pues, en la Iglesia, el cojo arrebata presa y los soldados más débiles salen coronados.

Bien pueden los salvados adorar a su Señor por las conquistas que él ha obtenido en ellos, pues los dardos de su natural enemistad ha sido quebrados y las armas de su rebelión han quedado rotas. ¡Qué victoria ha logrado la gracia divina sobre nuestros malvados corazones! ¡Cuánta gloria recibe Jesús cuando la voluntad resulta sometida y se destrona el pecado! En cuanto a las maldades que nos quedan, estas también sufrirán una derrota segura, y toda tentación, toda duda y todo temor se verán enteramente destruidos. En la Salem de nuestros pacificados corazones, el nombre de Jesús es incomparablemente admirable. Él ha conseguido nuestro amor y lo llevará sobre sí.

También podemos esperar nosotros victorias seguras, obtenidas por nosotros mismos: Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. A través de nuestra fe, nuestro celo y nuestra santidad, derrotaremos a las potestades de las tinieblas que están en el mundo; ganaremos a los pecadores para Jesús; trastornaremos falsos sistemas y convertiremos a naciones enteras; pues Dios está por nosotros y nadie nos podrá resistir. ¡Entone cada soldado cristiano en esta noche el cántico de guerra y prepárese para el combate de mañana: «Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (1 Jn. 4:4)!

Tomado de “Lecturas vespertinas” pág. 348

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