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Por: Juan Calvino

Más allá de toda duda, afirmamos que mientras los creyentes vivan sobre esta tierra, deben contarse «como ovejas de matadero», para ser así más semejantes a Cristo, la Cabeza de la Iglesia.

Si no fuera por la bendición de poder elevar sus pensamientos hacia el cielo y mirar más allá del horizonte de este mundo, la condición de los cristianos sería extremadamente deplorable.

Dejemos que los impíos sigan floreciendo en sus riquezas y honores y disfruten de lo que ellos llaman paz mental. Permitamos que se jacten de su esplendor y lujo y disfruten de toda su alegría mundana. Dejemos que perjudiquen a los hijos de luz con su maldad, que les insulten con su orgullo, les roben con su avaricia y les provoquen con sus vidas sin ley.

Cuando los creyentes veamos estas cosas, levantemos nuestros ojos por encima de este mundo, y entonces podremos mantener una auténtica paz de corazón en medio de todas las calamidades.

Miremos hacia el futuro, a aquel día cuando el Señor recibirá a Sus fieles siervos en Su reino de paz. Entonces Él enjugará toda lágrima de sus ojos, les vestirá con vestiduras de gozo, les adornará con coronas de victoria, les complacerá con infinitos deleites, les exaltará a Su gloria y les hará participantes de Su propia felicidad.

En cambio, los hacedores de maldad que han sido grandes en este mundo, serán lanzados al abismo de la vergüenza. Él cambiará sus deleites en tormentos, y sus risas e hilaridad en llanto y crujir de dientes. Él hará que se sumerjan junto con sus adulterios en el fuego que nunca se apaga, y los pondrá en sujeción a los fieles, de cuya paciencia han abusado.

De acuerdo con lo que dice Pablo, cuando el Señor Jesús descienda de los cielos. Dios castigará a aquellos que perturbaron a los santos, y dará descanso a todos los que están atribulados. Esta es nuestra única consolación. Si fuésemos privados de este consuelo caeríamos y nos hundiríamos en la desesperación o nos confortaríamos con los vanos placeres de este mundo.

Aun el salmista confiesa que estaba confundido cuando se preguntaba el motivo de la prosperidad presente de los malvados; y no pudo entender cabalmente todas las cosas hasta que, entrando en el santuario, comprendió el fin de los justos y los injustos.

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