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Por: John Flavel

En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La  tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó él. Salmo 18:6-7

Si la oración de tan solo uno de los santos de Dios produce a veces resultados tan maravillosos, ¿cuál no ha de ser el poder de las plegarias de toda una legión atronadora de almas suplicantes?

Se decía de Lutero lo siguiente: Iste vir potuit cum Deo quicquid voluit (Este hombre podría conseguir de Dios cualquier cosa que se propusiera), y ciertamente sus enemigos sentían el peso de sus oraciones.

La reina de Escocia decía que temía más a las oraciones de Knox que a un ejército de diez mil soldados. Ambos fueron esforzados guerreros de Dios, hábiles y poderosos en la oración, y a causa de ello tan vilipendiados como temidos por sus enemigos.

Llegará el día en que Dios va a escuchar las oraciones de Su pueblo que ahora está clamando continuamente a Sus oídos diciendo: «¡Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo!».

Sobre al autor: Teólogo presbiteriano inglés, nació en Bromsgrove, Worcestershire, hacia 1630 y murió en Exeter, Devonshire, el 26 de junio de 1691.

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Un comentario en «Hablemos hoy con nuestro Señor»

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