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Por: J. C. Ryle


Sé que su felicidad se queda corta comparada con lo que será cuando sus cuerpos se levanten de nuevo, en la resurrección en el último día, y Jesús regrese a la tierra.

Pero sé también que disfruta de un descanso bendito, un descanso de sus labores, un descanso de sus aflicciones, un descanso del dolor y un descanso del pecado. No puedo explicar estas cosas, pero estoy convencido de que serán mucho más felices de lo que jamás lo fueron en la tierra.

Veo su felicidad en este mismo pasaje: «Están con Cristo» y cuando veo esto, he visto todo lo que necesito ver. Si las ovejas están con su Pastor, si los miembros están con la Cabeza y si los hijos de la familia de Cristo están con él, quien los amó y los sostuvo todo el trayecto de su peregrinaje en esta tierra, todo tiene que estar bien, todo tiene que estar perfecto.

No puedo describir qué clase de lugar es el paraíso porque no puedo entender la condición de un alma separada del cuerpo, pero no pido una visión más resplandeciente del paraíso que ésta: Que allí está Cristo. Todo lo demás que podamos imaginarnos de lo que será ese estado entre la muerte y la resurrección no son nada en comparación con esto. Cómo está él allí y de qué manera lo está, no lo sé.

Solo ver a Cristo en el paraíso cuando mis ojos se cierren en la hora de la muerte, me basta. Bien dice el  salmista: «En tu presencia hay plenitud de gozo» (Sal. 16:11). Fue cierto lo que dijo una niña a punto de morir cuando su madre trató de consolarla describiéndole cómo  sería el paraíso. «Allí —le decía— no habrá dolor ni enfermedades, allí verás a tus hermanitos y hermanitas que han ido antes que tú y siempre serás feliz». «¡Ah, madre! —fue la respuesta de la niña— Pero hay algo mejor que todo y es que allí estará Cristo».

Puede ser que usted no piense mucho acerca de su alma. Puede ser que usted sepa poco de Cristo como su Salvador y que nunca ha probado, por experiencia, que es precioso. Y a pesar de ello, quizá tiene la esperanza de ir al cielo cuando muera. Este es seguramente un pasaje que debiera hacerle pensar.

El paraíso es un lugar donde está Cristo. ¿Sería entonces un lugar del que disfrutaría usted? Puede ser que sea creyente y, no obstante, tiembla ante el pensamiento del sepulcro. Parece frío y lóbrego. Siente que todo lo que tiene por delante es oscuro y sombrío. No tema, ¡anímese con este pasaje! Va camino al paraíso y allí estará Cristo.

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