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Por R.C. Sproul

No creo que al orar haya muchas cosas más apropiadas que decir “si es tu voluntad.” Sé que algunas personas desaprueban esa clase de afirmaciones en la oración, diciendo que es una especie de resignación y que debemos orar creyendo que nuestras oraciones son oídas y contestadas incluso antes de que veamos los resultados. Piensan que decir “si es tú voluntad” es un acto de incredulidad.

Hay situaciones en las que no debemos decir “si es tu voluntad.” A veces acudimos a Dios en oración con respecto a cosas sobre las cuales el claramente ha hecho una promesa -por ejemplo, cuando Dios dice que, si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos-, de modo que cuando nos arrepentimos, confesamos nuestros pecados a Dios y pedimos su perdón, no es necesario añadir “si es tu voluntad.”

La única regIa absoluta que creo que todos deberíamos llevar a nuestro rincón de oración es que, cada vez que le hablamos a Dios, debemos recordar en todo momento quienes somos nosotros y quién es él. No ofendemos al Omnipotente al expresar el hecho de que estamos dispuestos a someternos a su voluntad.

El mejor de todos los precedentes posibles para decir “si es tu voluntad” está registrado en el Nuevo Testamento. En la gran pasión de nuestro Señor, cuando entró en agonía en el Huerto de Getsemaní y debatió con su Padre, dijo: “Que pase de mi esta copa de sufrimiento.” Jesús casi retrocedió la noche anterior a su muerte. Recuerden, no estaba simplemente enfrentando la muerte; estaba enfrentando el castigo del infierno por los pecados de todos.

Me resulta absolutamente imposible entender la medida total del sufrimiento que Jesús enfrentaría al día siguiente. En el huerto Jesús exclamó: “Que pase de mi esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tú voluntad, no la mía.” Eso es lo mismo que decir: “Si es tu voluntad, no me pidas que haga esto.” Siendo así, el Hijo estaba diciendo: “En verdad me gustaría que esta copa terminara en otra parte, pero si no es eso lo que quieres, entonces dame la copa, y la beberé hasta su amargo final.” Creo que es así como deberíamos respetar a Dios cuando acudimos a él en oración.

Dios nos anima a traer nuestras peticiones con acción de gracias y confesión, y se nos dice que no tenemos porque no pedimos. Jesús nos dice que Dios, en algunos aspectos, es como un padre humano, y ¿qué padre nos daría una piedra si le pedimos pan? Dios quiere contestar nuestras oraciones; quiere acudir en nuestra ayuda. Sin embargo, al mismo tiempo debemos ser respetuosos y humildes cuando venimos ante su presencia. Decir “si es tu voluntad” expresa simplemente nuestro respeto por la soberanía de Dios.

Tomado del Libro “Buena pregunta” de R. C. Sproul p. 145 -146

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