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Por: John MacArthur

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (5:9-11)

La verdad más aleccionadora de las Escrituras es que Dios juzgará a los impíos y los sentenciará al infierno eterno (Mt. 3:12; 13:40-42, 50; 18:8: 25:41, 46; Jn. 3:36; 5:29; Hch. 24:25; Ro. 2:5, 8; 9:22; 2 Ts. 1:9; He. 6:2; 10:26-27; 2 P. 2:9; 3:7; Ap. 14:9-11; 20:11-15; 21:8). Por otra parte, la verdad bendita para los creyentes es que no los ha puesto Dios para ira (cp. 1:10; Jn. 3:18, 36; 5:24; Ro. 5:1, 9; 8:1, 33-34). Como su naturaleza, establecida en el pasado en la salvación, y su patrón presente de obediencia, el destino futuro de las personas del día les separa de las personas de la noche. Los creyentes no experimentarán la ira que Dios derramará sobre los incrédulos en el día del Señor y por la eternidad en el infierno.

La palabra puesto expresa la puesta en práctica del plan soberano y divino, inexorable, para la salvación de los creyentes. En Mateo 25:34, Jesús prometió que los creyentes heredarán “el reino preparado para [ellos] desde la fundación del mundo”. Pablo escribió a los efesios: “Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él” (Ef. 1:4); mientras que en 2 Timoteo 1:9 añadió: “[Dios] nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”.

Org¯e (ira) no se refiere al arrebato momentáneo de rabia, sino al “hábito de la mente asentado y determinado” (Richard C. Trench, Synonyms of the New Testament [Sinónimos del Nuevo Testamento] [Reimpresión; Grand Rapids: Eerdmans, 1983], p. 131). Es una referencia general al juicio final, cuando la ira de Dios se derramará sobre los impíos (Mt. 3:7; Jn. 3:36; Ro. 1:18; 2:5, 8; 3:5; 4:15; 5:9; 9:22; 12:19; Ef. 5:6; Col. 3:6; Ap. 14:9-11). Pero la ira de Dios aquí debe incluir también el día del Señor, pues esa era la principal preocupación de los tesalonicenses. Pablo les aseguró que no experimentarían ni la ira temporal del día del Señor (cp. Ap. 6:17) ni la ira del infierno.

Sino —en contraste con las personas condenadas de la noche— Dios ha destinado a los creyentes para alcanzar (lit. “ganar” o “adquirir”) la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Una vez más, Pablo se refirió a la dimensión futura de la salvación de los creyentes, su glorificación (véase arriba la explicación del versículo 8). Pero los tres aspectos de la salvación —justificación (Is. 53:11; Ro. 3:24, 26; 5:8-9; 1 Co. 6:11; Gá. 2:16), santificación (1 Co. 1:30; 6:11; He. 7:25) y glorificación (cp. Fil. 3:21)— solo vienen por medio de nuestro Señor Jesucristo. La frase simple, pero profunda, quien murió por (huper; “a favor nuestro”, “con referencia a nosotros”, “en nuestro lugar”, “como nuestro sustituto”) nosotros (cp. Ro. 5:8) expresa la única base para la salvación de los creyentes. “Al que no conoció pecado, [Dios] por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Co. 5:21); “llevó Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia” (1 P. 2:24; cp. Jn. 10:11; Ro. 8:3; Gá. 1:4; 3:13; Ef. 5:2; 1 P. 3:18; 1 Jn. 2:2). El mensaje glorioso del Evangelio es que la muerte sustitutiva de Cristo pagó en su totalidad la pena por los pecados de los creyentes y, por tanto, no pasarán por el juicio de Dios. En Juan 5:24, Jesús declaró: “De cierto, de cierto os digo: El que oye Mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Tampoco enfrentarán la condenación de Dios, porque “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1).

La muerte de Cristo por las personas del día —tanto los que velan (vivos) como los que duermen (muertos; cp. 4:13-15) —las separa de las personas de la noche. La realidad maravillosa es que todos los creyentes vivirán juntamente con Él, como Jesús lo prometió:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en Mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, Yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis (Jn. 14:1-3; cp. 1 Ts. 4:17).

Como lo hizo con la explicación del arrebatamiento (cp. 4:18, donde usó la misma palabra traducida allí como “alentaos”), Pablo concluyó su explicación del día del Señor exhortando a los tesalonicenses a animarse unos a otros, y edificarse unos a otros. Con base en la verdad que Él les dio, debían tranquilizar su ansiedad y temor porque no experimentarían el día del Señor. En su frase de conclusión confirma que ellos ya estaban comprometidos con animarse: “Así como lo hacéis”. Pablo, siempre el pastor apasionado, fiel, preocupado por su pueblo, quería que ellos progresaran “más y más” (4:1).

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