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Por: David Wilkerson

Aquí está el secreto de Dios para la fortaleza espiritual: “Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15).

La palabra para “quietud” en hebreo significa “reposo”. Reposar significa calmado, relajado, libre de toda ansiedad, estar quieto, acostarse con un apoyo debajo.

Hoy en día, no muchos cristianos tienen este tipo de quietud y confianza. Multitudes están envueltas en un frenesí de actividad, corriendo locamente para obtener riqueza y placer. Incluso en el ministerio, los siervos de Dios corren preocupados, temerosos y buscando respuestas en conferencias y libros “best-sellers». Todos quieren dirección o algo para calmar su espíritu. Buscan soluciones en todas las fuentes excepto en el Señor. No se dan cuenta de que Dios ya les ha hablado una palabra a través de Isaías. Si no recurren a él como su fuente, su lucha terminará en dolor y confusión.

Isaías describe lo que se supone que debe lograr la justicia de Dios en nosotros. “El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17). Si realmente andamos en justicia, nuestra vida dará el fruto de un espíritu calmo, reposo de corazón y paz con Dios.

Cuando Isaías miró a su alrededor, vio al pueblo de Dios huyendo a Egipto en busca de ayuda, confiando en los hombres, confiando en caballos y carros. Los embajadores iban y venían. Los líderes estaban celebrando reuniones de estrategia de emergencia. Todo el mundo estaba en pánico, en lamento: “¿Qué podemos hacer?”

Isaías les aseguró: “No tiene por qué ser así. Vuélvanse de su apostasía. Arrepiéntanse de su rebelión, de confiar en los demás. Vuélvanse al Señor y él los cubrirá con un manto de paz. Él les dará quietud y reposo en medio de todo lo que estén enfrentando”.

Amados, lo mismo es cierto para nosotros hoy. El Nuevo Testamento lo confirma. Cristo dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Debemos aferrarnos a esta palabra para nosotros, sin importar las circunstancias que nos rodeen.

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