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Por: David Wilkerson

“Y fue prosperado Ezequías en todo lo que hizo. Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón” (2 Crónicas 32:30-31).

A menudo, mientras se encuentra en la justa búsqueda de la obra de Dios, el mayordomo del Señor se siente aparentemente abandonado, dejado solo para luchar contra las fuerzas del infierno. Todo hombre que Dios ha bendecido ha sido probado de la misma manera. Considera la situación de Abraham. “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo:… Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas… y ofrécelo allí en holocausto” (Génesis 22:1– 2). Sabemos el final de la historia, que se le proveería un carnero como sustituto de Isaac, pero el patriarca no lo supo mientras subía por el monte.

¿Te encuentras en circunstancias extrañas? ¿Te sientes abandonado y solo? ¿Enfrentas una batalla perdida con un enemigo impredecible? Estas son señales que apuntan al proceso de prueba.

La victoria es siempre el resultado deseado; pero si fallas, recuerda que es lo que permanece en tu corazón lo que más le interesa a Dios, tu actitud después de haber ganado o perdido la batalla solitaria. Tu devoción por él a pesar del fracaso, es su deseo. Jesús ha prometido que nunca nos dejará ni nos desamparará, pero el registro de las Escrituras revela que hay momentos en los que el Padre oculta su presencia para probarnos. Incluso Cristo experimentó ese momento de soledad en la cruz.

Nos hemos preocupado tanto en probar a Dios que no hemos preparado nuestro corazón para las grandes pruebas de la vida mediante las cuales Dios prueba al hombre. ¿Podría ser que la gran prueba que estás enfrentando ahora, la carga que ahora llevas, sea en realidad la obra de Dios probándote?

Jesús dice que debemos tomar nuestra cruz y seguirlo (ver Mateo 16:24). ¿Qué es esa cruz? Es la carne con su fragilidad y pecaminosidad. Tómala, sigue adelante con fe; y su fuerza se perfeccionará en ti.

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