No olvides compartir con tus amigos ....

Por: Charles Spurgeon

Hay quienes se atreven a predicar sin el Espíritu de Dios, o sin implorar sus gracias. Más creo que ningún hombre que sea realmente comisionado por el cielo osara proceder de esa forma, pues sentirá la necesidad del Espíritu. Una vez, mientras predicaba en Escocia, parecióle bien al Espíritu de Dios desampararme; el resultado fue que no pude hablar como normalmente lo hago. Me vi obligado a decir a mi auditorio que habían sido quitadas las ruedas al carro, y que este se arrastraba con mucha dificultad.

Desde entonces he sentido el beneficio de aquel día. Me humilló amargamente, hasta tal punto que me hubiera arrastrado hasta introducirme en un agujero, para esconderme en el más oscuro rincón de la tierra. Sentí como si no fuera a hablar más en el nombre del Señor, y entonces vino a mí el pensamiento: “¡Oh!, eres una criatura ingrata: ¿No ha hablado Dios por tu boca cientos de veces? ¿Vas a reconvenirle por no haberlo hecho así esta vez? Agradécele más bien que haya sido tu sostén durante tantas otras veces; y, si por una vez se ha apartado de ti, admira su bondad, ya que así puede mantenerte humilde”. Hay quienes podrán creer que fue la falta de estudio y preparación la que me llevó a aquella situación; mas puedo afirmaros honradamente que no fue así. Yo creo que estoy obligado a entregarme a la lectura para no tentar al Espíritu procediendo de una forma descuidada.

Escucha los devocionales de Spurgeon en nuestro canal de Youtube CLICK AQUÍ.

Tengo costumbre, porque lo estimo un deber, de tomar un sermón de mi Maestro y rogarle que lo grabe en mi mente; y en aquella ocasión, creo que lo había preparado aún más cuidadosamente que de ordinario, de manera que no fue la falta de preparación la razón de aquel incidente. La explicación es simplemente que “el viento de donde quiere sopla”, y no siempre es huracanado; a veces permanece en calma. Por ello, si confío en el Espíritu, no puedo esperar que se manifieste siempre en mí en la misma medida. ¿Qué puedo hacer sin esa influencia celestial a la que se lo debo todo? Dios humilla a sus siervos con este pensamiento.

Él nos enseña cuánto lo necesitamos. No nos dejará creer que hacemos algo por nosotros mismos. “No”, dice, “no tendrás nada de que jactarte. Yo te abatiré. Piensas que estás haciendo algo, pero yo te mostraré lo que eres sin mí.” “¡Sansón, los filisteos sobre ti!” Se imaginaba que podía deshacerse de ellos, más los filisteos le echaron mano y le sacaron los ojos. Su gloria desapareció, porque confió en sí mismo y no en Dios. A cada ministro le será dado sentir su dependencia del Espíritu, para que pueda entonces decir, plenamente convencido, las palabras de Pablo: “Pues bien que anuncio el Evangelio, no tengo por qué gloriarme”.

Tomado de “No hay otro evangelio” pág. 62 -63

LEE TAMBIÉN Necesitamos Luteros, Calvinos, Bunyans, Whitefields – Charles Spurgeon

OTROS ARTÍCULOS DE CHARLES SPURGEON → CLICK AQUÍ

Síguenos en nuestras redes sociales! Si te gustaría obtener más información, noticias, artículos, videos y palabra de Dios puedes seguirnos en nuestra página de Facebooknuestro canal en Youtube y en Telegram¡Bendiciones!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.