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Por: Charles Stanley

¿Cómo me preparo para la batalla espiritual?

Textos: Efesios 6:116:13-18

Empezamos cada día vistiéndonos apropiadamente según el clima o la ocasión. Sin embargo, muchos creyentes salen de sus casas desprevenidos, porque no se visten adecuadamente para el combate espiritual. Por lo tanto, nuestra primera oración antes de levantarnos debería incluir una aplicación gradual, paso a paso, de toda la armadura de Dios.

Es en extremo importante para nosotros entender que estamos involucrados en una batalla real y que la meta del enemigo es nuestra destrucción. El diablo hace todo lo posible por socavar nuestra fe y estorbar nuestro progreso en la voluntad de Dios, poniendo obstáculos perjudiciales y trampas ocultas en nuestro camino. Pero podemos resistir sus tácticas sutiles y triunfar sobre sus estratagemas confiando en Dios, armándonos de su protección y obedeciendo al señor en cada área de nuestra vida.

1) Primero nos ceñimos con el cinturón de la verdad. Así como un mandil de cuero protegía el abdomen del soldado romano, nuestra faja protectora es la verdad de quiénes somos en Cristo: santos revestidos de poder sobrenatural por el Espíritu de Dios, quien mora en nuestro interior.

2) Encima de esto, la coraza de justicia nos protege de las flechas mortíferas del enemigo. Cada vez que surgen situaciones difíciles, podemos repeler la tentación de pecar o de vivir por las emociones, bien sea de enojo, temor o descontento, y en cambio podemos reaccionar de una manera que honre a Dios.

3) El apresto del evangelio de la paz nos ayuda a mantenernos firmes. Las sandalias de combate de los romanos tenían suelas gruesas y con tachuelas de hierro que le permitían al soldado anclarse en el suelo y permanecer fijo. Sin importar cuán violentamente nos ataque el enemigo, podemos permanecer firmemente plantados en el conocimiento de quienes somos en Cristo: santos redimidos e hijos del Dios viviente, con un mensaje importante para compartir con los perdidos.

4) El escudo de la fe no es una parte pequeña ni opcional de la armadura, es un salvaguarda de cuerpo entero que representa la protección de Cristo contra todo lo que el enemigo puede lanzarlos. Con la plena confianza en Cristo, encaramos cada batalla, sabiendo que él nos dará la victoria.

“La fe en la gracia de Dios que fue mostrada en la cruz nos trajo la salvación, el punto de intercambio de nuestro viejo hombre pecador por una vida nueva y eterna en el Señor Jesús.” En consecuencia,

5) con el yelmo de la salvación nos estamos poniendo la mente de Cristo, que nos da discernimiento y sabiduría.

6) Por último, empuñamos la espada del espíritu que es la Palabra de Dios, para que podamos combatir las mentiras del enemigo con la verdad y las promesas de las Escrituras.

Sabiendo con exactitud lo que vamos a enfrentar cada día, el Señor ha provisto en su gracia el equipo perfecto que necesitamos para afrontar todos nuestros retos. Por eso, cerciórese de haberse vestido apropiadamente para la batalla.

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