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Por: Charles Spurgeon

Dios nunca da a Sus hijos una promesa que no tenga el propósito de que la usen. Hay algunas promesas en la Biblia que no he usado todavía; pero estoy muy convencido de que vendrán tiempos de aflicción y tribulación cuando encontraré que esa pobre promesa despreciada, que yo pensaba que no estaba dirigida a mí, será la única sobre la que pueda flotar.

Sé que viene el tiempo cuando cada creyente conocerá el valor de cada promesa del pacto. Dios no le ha dado al creyente ninguna parte de una herencia que no haya tenido la intención de que la cultive.

Cristo nos es dado para que lo utilicemos. ¡Creyente, recurre a Él! Te diré de nuevo como te dije antes, que tú no recurres a Cristo como deberías hacerlo. Vamos, hombre, cuando estás en problemas, ¿por qué no vas y se lo cuentas? ¿Acaso no tiene un corazón compasivo, y acaso no puede Él consolarte y aliviarte? No, andas correteando a todos tus amigos salvo a tu mejor amigo, y andas contando tu historia por todas partes excepto en el pecho de tu Señor. Oh, recurre a Él, recurre a Él.

¿Estás negro con los pecados de ayer? Aquí está una fuente llena de sangre; úsala, santo, úsala. ¿Ha regresado otra vez tu culpa? Bien, Su poder ha sido comprobado una y otra vez; ¡vé y recurre a Él! ¡Recurre a Él! ¿Te sientes desnudo? Ven aquí, alma, ponte el vestido. No te quedes viéndolo; póntelo. Desvístete, amigo, desvístete de tu propia justicia, y también de tus propios miedos. Ponte este manto, y úsalo, pues fue diseñado para vestirlo.

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Un comentario en «Recurriendo a Cristo (Parte 1) – Charles Spurgeon»

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