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Por: John Bunyan

Vivir por fe hace que un hombre tenga paciencia y se encuentre tranquilo bajo todas sus aflicciones; debido a que:

1. La fe le muestra que su mejor porción está a salvo, es decir, que su alma es cuidada y protegida de manera especial por Dios, y purgada del pecado en la sangre de Cristo.

2. La fe también le muestra que, después de un poco de tiempo, disfrutará plenamente de lo que ahora cree que está por venir: «Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia» (Gá. 5:5).

Por lo tanto, sobre esta base es que Santiago exhorta a los santos a quienes escribió, a que sean pacientes, porque sabía que el fruto de la tierra llegaría a su debido tiempo: «Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo» (Stg. 5:7- 11).

3. La fe refugia el alma con Cristo: «Yo sé —dice Pablo— a quien he creído (y a quien le he entregado mi alma), y estoy seguro (lo creo), que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día». Por lo tanto, no tenía vergüenza de estar atado con cadenas por su nombre y amor a Él (cf. 2 Ti. 1:12). ¡Oh! Es una bendición ver que por la fe del Señor Jesús estamos embarcados en el mismo barco con Él; esto nos ayudará grandemente a «esperar en silencio la salvación que proviene del Señor» (Lm. 3:26 NVI).

 «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra» (Sal. 46:1-6).

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