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Por: Richard Sibbes

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28

Todo aquello que sea verdaderamente bueno para los hijos de Dios, lo tendrán, ya que todo ello servirá para impulsarlos al Cielo. Por tanto, si la pobreza es buena para ellos, la tendrán; si la desgracia es buena para ellos, la tendrán; si las cruces son buenas para ellos, las tendrán; si la miseria es buena para ellos, la tendrán; porque Dios hace que todas las cosas le ayuden a bien a Su pueblo redimido.

Dios conduce a Sus hijos por un camino seguro para que no sean condenados con el mundo. Él permite que el mundo los condene para que no amen al mundo.

El mundo los odia para que igual no amen al mundo. Así como pueden ser crucificados por este, el mundo debe ser crucificado para ellos. Por tal razón, para no permitirles perecer con el mundo, les envía aflicciones en y por el mundo. Es por eso que se encuentran con tales cruces, violencias e injusticias en el mundo.

Dios nos aflige externamente para que podamos ser más humildes interiormente. Él nos humilla y nos hace pobres para que podamos ser más pobres en espíritu. Cuando Dios se propone humillarnos debemos trabajar mediante la
gracia para humillarnos y mortificar el orgullo.

La providencia de Dios a menudo es misteriosa, pero Él es justo y recto en todo lo que hace. Por lo tanto, cuando nos acontezca algo difícil por el cual no podamos ver ninguna razón, debemos reverenciar al Señor y adorar Sus consejos y
someternos a Él que es infinitamente más bueno y sabio que nosotros.

La gloria sucede a las aflicciones, así como la primavera sucede al invierno. Debido a que el invierno prepara la tierra para la primavera, así también las aflicciones santificadas preparan al alma para la gloria.

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