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Por: Thomas Brooks

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Salmos 73:25-26

Diógenes señaló la locura de los hombres de su tiempo, que menospreciaron las cosas mejores, pero que sobrevaloraron las cosas peores. ¡Ah, que este no fuera el pecado y la vergüenza de los que profesan [ser creyentes] en estos días! ¡Dios a veces despoja a Su pueblo de sus gracias terrenales más cercanas y queridas, para que tengan más apreciación y mejor gusto de las gracias espirituales y celestiales!

Dios retira las riquezas inseguras para que Su pueblo pueda apreciar más las riquezas seguras. Dios quita la fortaleza natural para que su pueblo pueda apreciar más la fortaleza espiritual.

Dios aleja a la criatura para que Su pueblo pueda apreciar más a su Salvador. Las cosas espirituales y celestiales son las únicas que pueden satisfacer al alma.

El lenguaje de un hombre piadoso es este: «¡Ah, Señor, las buenas cosas terrenales que tengo por Ti, aunque puedan revitalizarme, estas no pueden satisfacerme sin Ti!»

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