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Por: J. C. Ryle.

Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción. Job 5:7

En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33

Aprendamos bien esta lección. Si somos verdaderos cristianos, no debemos esperar gran suavidad en nuestro viaje al Cielo. No debe parecernos extraño que tengamos que pasar por enfermedades, pérdidas, aflicciones y desengaños igual que los demás.

Nuestro Salvador ha prometido darnos un perdón gratuito y completo, gracia para el camino y gloria al final. Pero nunca ha prometido que no vayamos a tener aflicciones. Nos ama demasiado como para prometernos eso. Por medio de la aflicción nos enseña muchas lecciones preciosas que sin ella nunca aprenderíamos.

Por medio de la aflicción nos muestra nuestro vacío y nuestra debilidad, nos  conduce al trono de la gracia, purifica nuestras emociones, nos aparta del mundo, nos hace anhelar el Cielo. En la mañana de resurrección todos diremos: «Bueno es para mí ser afligido» (Salmo 119:71 LBLA). Daremos gracias a Dios por cada tormenta.


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