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Por: R. C. Sproul

Tenemos que hacer una distinción, como creo que la Biblia lo hace, entre el juicio que recibimos inmediatamente al morir, en el cual seremos presentados ante Cristo, y aquello a lo cual la Biblia se refiere como el juicio final. Hay una razón por la cual la Biblia se refiere al juicio final como final. El que sea final supone que ha habido previamente otras juicios. La Biblia dice que está decretado que el hombre muera una sola vez, y luego el juicio. Creo que en el Nuevo Testamento hay muchos indicadores de que, al momento en que morimos, experimentamos al menos un juicio preliminar.

Pablo, por ejemplo, dijo que el ansiaba partir y estar con Cristo, lo que era mucho mejor que permanecer aquí en esta vida y en el ministerio que tenía.

El cristianismo histórico ha confesado casi universalmente la idea de que los santos que parten van inmediatamente a estar en la presencia de Cristo, en lo que se llama el placer del estado intermedio; es decir, somos espíritus incorpóreos, y esperamos la consumación final del reino de Cristo, por medio del cual experimentamos la resurrección del cuerpo. Cuando decimos, en el Credo de los Apostales: “Creo en la resurrección del cuerpo,” no estamos hablando del cuerpo de Cristo sino de nuestros futuros cuerpos resucitados.

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Como digo, el cristianismo histórico cree que hay una transferencia inmediata desde este mundo a la presencia de Crista, al menos en nuestro estado de espíritus incorpóreos. Para que eso ocurra, debe de haber alguna dase de juicio. Por ejemplo, Pablo no sería acompañado hasta la presencia de Cristo inmediatamente al morir sin que Cristo hiciera primero una evaluación de que Pablo realmente era uno de los suyos, que había sido justificado y puesto en un estado de salvación. Creo que hay una división preliminar de las ovejas y los cabritas antes del juicio final en el último día del cual habla la Escritura.

Jesús advierte repetidamente acerca de ese último juicio. En nuestra cultura secular, a muy poca gente le parece relevante una discusión acerca del juicio; es políticamente incorrecto juzgar a otros o, hasta cierto punto, aun juzgarnos a nosotros mismos: diferenciar entre lo  correcto y lo incorrecto, entre la verdad y la falsedad. Sin embargo, esta misma gente elogia las enseñanzas de Jesús como sabias y maravillosas. Pero si Jesús de Nazaret enseñó algo, enseñó repetida y enfáticamente que cada uno de nosotros será traído ante el trono del juicio de Dios para un juicio final y definitivo.

Tomado del Libro “Buena pregunta” de R. C. Sproul p. 353 – 354

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