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Por: Charles Spurgeon

Cuando oigáis a alguien que se ríe o se burla de una expiación limitada, podéis decirle que la expiación universal es como un puente de gran anchura que sólo tiene medio arco, no cruza el río: solamente llega hasta la mitad del camino y no asegura la salvación de nadie.

Así que yo prefiero poner mi pie sobre un puente tan estrecho como el de Hungerford, que llega hasta la otra orilla, antes que en uno tan ancho como el mundo, pero que no cruce la corriente. Hay quienes me dicen que es mi obligación el anunciar que todos los hombres han sido redimidos, y que las Escrituras lo atestiguan: “El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos”. Pero también parecen haber poderosos argumentos que se oponen a esta interpretación. Por ejemplo: “El mundo se va tras de Él”. ¿Quiere ello decir que todo el mundo iba tras de Cristo? “Y salía a Él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalén; y eran todos bautizados por él en el río de Jordán.” ¿Fue toda Judea, o toda Jerusalén bautizada en el Jordán? “Sabemos que somos de Dios”, y “todo el mundo está puesto en maldad”. ¿Quiere decir “todo el mundo” todas las personas? Si así fuera, ¿quiénes serían los “de Dios”? Las palabras “mundo” y “todos” tienen siete u ocho significados en la Escritura; y pocas veces “todos” significa todas las personas una por una. Esas palabras se usan generalmente para dar a entender que Cristo ha redimido a muchos de todas clases, tanto judíos como gentiles, ricos y pobres; Él no ha reservado su redención a judíos ni gentiles.

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Dejando la controversia, responderé a una pregunta: ¿Por quién murió Cristo? Respóndeme a un par de preguntas y te diré si Cristo murió por ti. ¿Quieres un Salvador? ¿Sientes necesidad de Él? ¿Tienes conciencia de pecado esta mañana? ¿Te ha enseñado el Espíritu Santo que estás perdido? Si es así, Cristo murió por ti y serás salvo. ¿Tienes conciencia de que Cristo es tu única esperanza en este mundo? ¿Comprendes que no puedes ofrecer por ti mismo una expiación que satisfaga la justicia de Dios? ¿Has abandonado toda confianza en ti mismo? ¿Y puedes decir de rodillas: “Señor, sálvame, o perezco”? Cristo murió por ti. Pero si dices: “Soy tan bueno como debo ser; puedo ir al cielo por mis propias obras”, entonces, recuerda lo que la Escritura dice de Jesús: “No he venido a llamar justos, sino pecadores a  arrepentimiento”. Mientras permanezcas en estas condiciones no hay expiación para ti. Pero si, por el contrario, esta mañana te sientes culpable, miserable, digno del castigo, y estás dispuesto a aceptar a Cristo como tú único Salvador, no solamente te diré que puedes ser salvado, sino, lo que es mejor, que lo serás.

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Cuando estés desnudo y no tengas nada excepto la esperanza en Cristo, cuando estés preparado para venir con las manos vacías para que Él sea tu todo, y tu nada, entonces podrás mirar a Cristo y decirle: “¡Tú bendito, Tú inmolado Cordero de Dios! Tú sufriste mis aflicciones; por tus llagas fui sanado, y por tus sufrimientos fui perdonado.” Y cuando hayas hablado así, sentirás que la paz inunda tu conciencia; porque si Cristo murió por ti, no puedes perderte. Dios no castiga dos veces la misma falta. Y si Cristo fue castigado por ti, jamás te castigará. “El pagó a las demandas de la justicia de Dios no se exige dos veces, primero de la sangrienta mano, y luego de la mía.” Hoy, si creemos en Cristo, podemos subir al mismo trono de Dios; permanecer allí, y cuando se nos diga: “Pero, ¿tú no eres culpable? Y si lo eres, ¿cuál es la razón por la que no has sido castigado?”, podemos decir: “Gran Dios, tu justicia y tu amor son nuestra garantía de que Tú no nos castigarás por nuestros pecados, ¿no castigaste ya a Cristo por ellos? ¿Cómo serías justo, cómo podrías ser Dios si, habiendo Él satisfecho nuestra deuda, la exigieras ahora de nuestras manos?” La única pregunta que debe preocuparas es: “¿Murió Cristo por mí?” Y la única respuesta que puedo daros: “Palabra fiel y digna de ser recibida de todos, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”.

¿Podéis escribir vuestros nombres detrás de esta frase, entre los pecadores; no entre los pecadores de compromiso, sino entre los pecadores que se sienten como tales, entre los que lloran su culpa, entre los que la lamentan, entre los que buscan misericordia para la misma? ¿Eres pecador? Si así lo sientes, si así lo reconoces, si así lo confiesas, estás invitado a creer que Cristo murió por ti, porque tú eres pecador; y eres instado a caer sobre esta grande e inamovible roca, y a encontrar seguridad eterna en el Señor Jesucristo.

Tomado de “No hay otro evangelio” pág. 294 – 296

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