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Compilado por: Soldado de Jesucristo.

  1. La predicación que no tiene el aroma de la grandeza de Dios podrá entretener por un tiempo, más no calmará el grito del alma que clama: “Muéstrame tu Gloria”

2. Dios no bendice a los grandes talentos tanto como a la gran semejanza a Jesús. Un ministro santo es una poderosa arma en las manos de Dios. – Robert Murray M´Cheyne.

3. No es la tarea del predicador cristiano dar pláticas morales o psicológicas para animar acerca de cómo conducirse en el mundo, cosa que cualquier otro puede hacer. Mas la mayoría de nuestra gente no tiene en este mundo quien les diga una y otra vez acerca de la suprema belleza majestuosa de Dios.

4. Cierta vez le preguntaron a Charles Spurgeon acerca del secreto de su ministerio. Al cabo de una breve pausa, respondió: “Mi gente ora por mí”. Fuente: Ian Murray, “Spurgeon, el Príncipe Olvidado” 1966, pág 36.

5. La predicación es adoración, y pertenece a la vida de adoración regular de la iglesia, sin importar el tamaño de la iglesia.

6. La verdadera predicación no es la opinión u opiniones de un mero hombre. Es la fiel exposición de la Palabra de Dios.

7. Nunca sabremos de la verdadera utilidad de nuestra predicación, hasta que todo el fruto de las ramas del árbol que han brotado de las simientes que hemos sembrado hayan madurado a la luz de la eternidad.

8. Allí donde la Biblia es estimada como la infalible Palabra de Dios, la predicación puede florecer. Pero donde la Biblia es considerada como un mero registro de valioso contenido religioso, la predicación muere.

9. Es una señal de estos tiempos que nosotros los predicadores seamos mucho más adeptos al humor que a las lágrimas.

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10. Jesús es el gran ejemplo para los predicadores – las multitudes le oyeron gozosos, los niños se sentaron en su regazo, las mujeres fueron tratadas con honra. Sin embargo, nadie en la Biblia habló más del infierno más frecuentemente o en términos más horrendos.

11. Avivamiento espiritual es la soberana obra de Dios, de seguro. Más Él usa medios, especialmente la predicación (Stgo 1.18, 1 Cor 1.21).

12. Una buena predicación está destinada a provocar – “afecciones santas” – aquellas emociones tales como: odio por el pecado, deleite en Dios, esperanza en sus promesas, gratitud por Su misericordia, deseo de santidad y dulce compasión.

13. Yo afirmo que la buena predicación “está saturada de Escritura”, y no “basada en Escritura”, porque la Escritura es algo más que la base para una buena predicación.

14. La predicación que proclama la supremacía de Dios no comienza con la Escritura como base, para luego vagar en otras cosas. Exuda Escritura.

15. Mi constante consejo a predicadores principiantes es: ¡Citen el texto! ¡Citen el texto! Repitan las palabras del texto una y otra vez. Muestren a las gentes de donde provienen sus ideas.

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16. La predicación poderosa es como la cirugía. Bajo la unción del Espíritu Santo, localiza, penetra y remueve la infección del pecado.

17. Hay en el predicador lleno del Espíritu un suave afecto que endulza cada promesa y ablanda con lágrimas cada advertencia y reprensión.

Todas las citas fueron tomadas por el administrador del blog de su lectura privada del libro “La Supremacía de Dios en la Predicación” del pastor John Piper, publicado por Publicaciones Faro de Gracia,

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